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domingo, 9 de junio de 2013

Las verdades sobre el entorno de Stroessner

Por Juan Manuel Salinas Aguirre















Salvador Ibarrola fue el oficial encargado en 1971 de detener al narcotraficante francés, Auguste Ricord, protegido de los hombres fuertes de la dictadura; los Generales Andrés Rodríguez y Patricio Colmán. En Nueva York el comisario fue testigo clave en la causa. Ahora, impulsa un juicio contra Gustavo Saba y Doña Nely Reig de Rodríguez por tortura. Lino Oviedo es su principal testigo.


  Lo recuerda como si fuera ayer. Nombre, fechas, situaciones. El ex comisario Principal Salvador Ibarrola recorre pensativo por lo que alguna vez fue el restorán del hotel “París Niza”, ubicado en la avenida Juan Domingo Perón, camino a Itaenramada. El lugar se cae a pedazos. Nada queda del viejo hotel, salvo la piscina llena de basura, la pequeña edificación donde funcionó el citado restorán y un enorme parque con el pasto crecido hasta cerca de las rodillas.
A un costado vive una señora con varios hijos. Es la cuidadora, que nada sabe del pasado o prefiere no saberlo. Sólo expresa que el terreno pertenece a una mujer de nombre Josefina Ricord.
El comisario escucha el apellido y sonríe. Los recuerdos le vienen de golpe como un tiro de su propio revolver, que ya no usa. Se acerca a una ventana, desde donde ve el resto del parque que se extiende varios kilómetros hasta el río, por atrás del restorán.
“Por aquí se me escapó”, dice sonriendo. “En ese momento pensé que la misión había fracasado. Pero confié en Dios que no iba a ser así”, alega colocando sus manos en la cintura.

Sonríe. En aquel 1971 el Comisario todavía ni sospechaba lo que iba a vivir. Ni tampoco se imaginaba que terminaría varios años más tarde querellando a Gustavo Saba, yerno del General Rodríguez y Doña Nely Reig de Rodríguez, hoy viuda.
En ese entonces, sólo sabía que había recibido una orden del comandante de la Policía Nacional, General Alcibíades Brítez y del propio Presidente de la República, el General Alfredo Stroessner. La misión era detener a un narcotraficante francés de nombre Auguste Joseph Ricord.
Pero había muchos detalles escondidos atrás de esa orden. Paralelamente al poder que salía del Palacio de López, existía otro, tal vez mucho más poderoso y conciso que el que ejercía el propio dictador. Un poder que terminaría cambiando la historia del país.

Del bajo fondo de Marsella 

El 18 de octubre de 1970 una avioneta Cessna Monomotor proveniente de la estancia Santa Helena, propiedad del General Patricio Colman, aterrizó en el aeropuerto Internacional de Miami. La carga contenía 43,5 kilos de heroína evaluada en diez millones de dólares en el mercado urbano. La operación fue descubierta. La policía detuvo a los pilotos, pero siguiendo el plan de los mismos, fueron llevados a Nueva York para atrapar a los contactos. En la gran ciudad cayeron Enio Varela, ahijado de Colman, y otro paraguayo; Baby Becker. Con esa detención surgió otro nombre que alarmó a las autoridades norteamericanas; Auguste Joseph Ricord, de quién hacía tiempo no escuchaban nada.

El tráfico de heroína a Estados Unidos venía siendo investigado por las autoridades norteamericanas. Durante los años 60 y 70, el tráfico había tenido su gloria mediante la operación conocida como “Conexión francesa”. El mecanismo consistía en llevar la heroína desde su lugar de origen; Asia, al mercado norteamericano, pasando por Francia. En estas operaciones fue decisivo el liderazgo de Ricord, conocido también por el alias de Lucien Dargueles y el más recordado; Monsieur André.
La Conexión francesa fue desmantelada a mediados de 1970, debido a la unión de las autoridades de Estados Unidos, Italia, Francia y Canadá. Pero era obvio que el tráfico seguiría.

Ricord y otros traficantes franceses se trasladaron a Latinoamérica, siendo Argentina el principal lugar de residencia. El tráfico tomaba así una nueva ruta inaugurando “La conexión latina”.
El currículum de Auguste Ricord era de lo más variado. A los 16 años había sufrido detenciones por robo y extorsión. A esta época, le siguió otras donde fue abultando su prontuario que incluía portación ilegal de armas de fuego, actos violentos, venta de objetos robados. Durante su adolescencia, formó parte del hampa dirigida por los mafiosos Paul Carbone y Francois Spirito, dueños del bajo fondo de Marcella.

Cuando los nazis ocuparon Francia, Ricord buscó el provecho y no sólo se convirtió en colaboracionista, sino que formó parte de la Gestapo Francesa. Hacia 1941, no sólo gozaba de la protección de los nazis, sino que era propietario de siete prostíbulos en los suburbios de París. Luego de la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, Ricord tuvo que abandonar el país buscando nuevos horizontes y negocios ilícitos.
Todos estos datos, eran de sobra sabidos por el BNDD (Oficina Federal de Narcóticos y de Drogas peligrosas), más tarde convertida en la DEA. Al entonces gobierno de Nixon, no le fue nada agradable la noticia de que aparte de Argentina, Ricord enviaba heroína desde Paraguay, país cuya dictadura gozaba de la protección norteamericana.

Paraguay era el paraíso para Ricord. Aquí no tenía que preocuparse por las autoridades ni estudiar como “coimearlas”. Desde Argentina, donde también había organizado importantes tráficos, logró contactar con importantes autoridades del propio gobierno de Stroessner como los Generales Patricio Colman y Andrés Rodríguez. También con Augusto Montanaro, Ministro del Interior y Pastor Coronel, Jefe del Departamento de Investigaciones, entre otros. Con el fin de tener un negocio “fachada”, invirtió en el Hotel Paris Niza, que además de tener su funcionamiento como tal, era la “base de operaciones”.

Rodríguez y Colman tenían aeropistas propias. Colman en su estancia en Ytacuruby (Santa Helena) y Rodríguez en Hernandarias, cuyas tierras fueron adquiridas luego de ordenar el asesinato del verdadero propietario; José Melgarejo. Hasta el momento, el principal negocio era el contrabando de jeans, whisky, electrónicas y muchos otros productos. Con la llegada de Ricord, el negocio cambió. Colman y Rodríguez, pusieron sus pistas a disposición del francés. Todo se “cocinaba” en el “bar comedor” del hotel. Incluía además venta de pasaportes falsos de hampones europeos que llegaban al país. Todo tenía su precio.

Stroessner, aparentemente, no estaba del todo al tanto de lo que ocurría. Sabía de los contrabandos que realizaban Rodríguez y Colman, hechos que permitía porque de esa forma evitaba posibles conspiraciones. Rodríguez mismo era el encargado de mantener a las Fuerzas Armadas alineadas al sistema. Para ello, permitía a los jerarcas una total libertad para los negocios legales e ilegales. Sin embargo, el dictador no parecía conocer las operaciones del francés. Stroessner estaba demasiado ocupado en conservar su “silla”, mientras que su entorno, construía lentamente un poder paralelo.

Pese a todo, el “paraíso paraguayo” no era del todo seguro. Y fue con la caída de aquella avioneta Cessna con la carga de 43, 5 kilos de heroína la que complicaría la estadía de Auguste Joseph Ricord en Paraguay.

Búsqueda frustrada 

Según el relato del Comisario Salvador Ibarrola, Stroessner había recibido de mano de los norteamericanos la información de las operaciones de Ricord. El dictador delegó la responsabilidad al Ministro del Interior, Augusto Montanaro, quién luego de un tiempo le aseguró que no pudo hallar al francés.
“Montanaro supuestamente investigó pero no tuvo éxito”, recuerda Ibarrola, sentado en una silla, dentro de lo que queda del restorán del viejo Hotel ‘Paris Niza’. “Según él, no lo pudo ubicar. Y le envió a Stroessner un informe donde le explicaba que no tenía información de que existiera nadie de nombre Ricord. En esa época yo estaba como Jefe de Inteligencia de la Policía en la central, junto al General Brítez. Y bueno, ese mismo informe de Montanaro, Stroessner envió a los norteamericanos. Pero en un intervalo de ocho días, Nixon envió nuevamente un informe al presidente que decía que Ricord estaba operando en el país y le sugería que busque bien”.
 Ibarrola asegura que Stroessner derivó entonces la misión a Pastor Coronel. El resultado fue el mismo. Ricord no era encontrado. Incluso, Pastor Coronel afirmó a Stroessner que desconfiara de lo que dijeran los “yanquis”. Este mismo informe fue enviado nuevamente a Estados Unidos.
Nixon comenzó a impacientarse. La burocracia de un país tan pequeño como Paraguay, le fue casi ofensivo. A raíz de ello, decidió dejar la diplomacia y apeló a medidas más drásticas.

“Nixon envió al Secretario de la Casa Blanca, vino también el jefe de narcóticos de Nueva York y dos detectives de narcóticos más. No recuerdo los nombres. Nixon, telefónicamente le pidió al presidente que recibiera a la comitiva. En la reunión, le dijeron que Ricord estaba acá y que según informes, muchos militares y policías estaban implicados. La reunión terminó cuando los norteamericanos dijeron que si las autoridades no hacían algo, ellos mismos vendrían a detener a Ricord. Strossner pidió más datos y le facilitaron tres pasaportes con distintos nombres del francés, además de fotografías”.

El dictador entendió que la cuestión era complicada. Por un lado tenía a los norteamericanos a quienes no podía fallar, ya que eran los que apoyaban su gobierno. Por el otro, estaban los hombres fuertes de su propio régimen; Rodríguez, Colman, Montanaro y Pastor Coronel, que hacían de todo para no perder a la “gallina de los huevos de oro”.
La medida requería un accionar más discreto. Para ello, el dictador confió la misión al Jefe de la Policía Nacional; General Alcibíades Brítez. Este a su vez, llamó al Comisario Ibarrola, quién gozaba de un currículum interesante por haber resuelto una serie de crímenes.

“Cuando eso estaba investigando un abigeato en Carapeguá. Recibí la llamada de Brítez y regresé a Asunción. Me fui directo al Palacio de Gobierno llevado por la Motorizada. En el Palacio me estaban esperando el Capitán Viveros, Mario Abdo Benítez, el General Machuca, Brítez y el propio Stroessner. Nos reunimos en un despacho al costado del Palacio. Ahí Stroessner me dijo: ‘Estoy rodeado de Judas. Y si usted es un Judas, le voy a colgar en la plaza pública como ejemplo’. La misión cayó en mis manos”.
Esa misma noche, Ibarrola se trasladó a la Jefatura de la Policía donde comenzó a trabajar. Luego de recibir las instrucciones, que incluía documentos y fotografías de Ricord, el Comisario se comunicó con los norteamericanos de la embajada, de quienes recibió también apoyo.

“El General Britez me dejó dos coches Mercedes Benz con radios para comunicarme y elegí a 6 oficiales del departamento por cada coche. El General Britez le ordenó al jefe administrativo Vera Vargas que me de 4 millones de guaraníes para viáticos. Antes de comenzar le investigación me dijo: ‘Usted ya no tiene despacho, usted va a dormir en la calle hasta encontrar a Ricord’.

El rastro del francés 

La investigación comenzó en la calle. En aquel entonces, eran los taxistas los mejores informantes que tenía la policía. También las prostitutas, que conocían a muchos de los pasajeros que ambulaban por los hoteles de Asunción.

Ibarrola llegó al puntal de la pista en el Hotel Guaraní, conversando con uno de los empleados de la recepción. Al ver la foto del francés, el empleado expresó que le veía cara conocida. Le pidió que le dejara la fotografía, prometiéndole averiguar. Luego de 48 horas, el empleado del hotel se comunicó con Ibarrola asegurándole que encontró algo.

Nuevamente en el Hotel Guaraní, le comunicó que tenía una amiga que decía conocer a Ricord y que ella le esperaba en su casa en Capiatá para conversar del asunto. La mujer, resultó ser una empleada del Hotel “Paris Niza”. En su domicilio, la joven relató a Ibarrola que Ricord era el dueño y que tenía una secretaria francesa de mucha confianza de nombre Helena. También, tenía una hija de 14 años, Josefina, a la que llamaban Pupi.

“Al salir de la casa llamé al General Brítez y le pedí una reunión urgente. Me recibió en su casa a las doce y media de la noche. Le dije que ya tenía la pista. ‘Voy a entrar al Paris Niza pero camuflado para ver como es el ambiente y ver si Ricord esta ahí”, le dije.

Así hizo. Ibarrola fue al día siguiente, pero sólo a tomar algo. Observó el lugar, primero de afuera, luego de adentro. Ricord no apareció, pero era obvio que andaba por el lugar.

El operativo se dio al día siguiente con una brigada de diez oficiales. Fuertemente armado, el Comisario Ibarrola ingresó al hotel en horas de la mañana acompañado de dos oficiales, el resto quedó en las puertas del Hotel. La tal Helena, secretaria de Ricord, los recibió en el restorán.
Ibarrola mostró la credencial de policía y pidió a la mujer hablar con Ricord. Este salió a recibirlo. “¿Señor Augusto Ricord?”, dijo el Comisario. El francés asintió con la cabeza. “Tengo una orden para detenerlo”.

Ibarrola lo recuerda pequeño, calvo, la piel muy arrugada y patillas canosas. “¿Están metidos en esto los yanquis?”, expresó Ricord. “Ellos siempre me persiguen por mi dinero”, alegó. Ibarrola no respondió, sólo le repitió que estaba detenido. El francés le pidió si podía entrar al baño. El comisario asintió con la cabeza. Ricord entró al baño pero tardó casi cinco minutos. Ante eso, Ibarrola abrió la puerta. El baño estaba vacío. Dentro, una segunda puerta conducía a un pasillo que daba a la parte trasera del hotel. Corrió hasta ahí pero ya no vió al francés. Había “literalmente” desaparecido. El río estaba a 50 metros, supuso entonces que habría tomado una deslizadora para ir hasta el puerto Itaneramada y tomar ahí la primera embarcación hacia el lado argentino.

Ibarrola volvió corriendo hasta la entrada del Hotel e ingresó al automóvil junto a los demás oficiales. Los dos coches casi “volaron” por la ruta. En la entrada al puerto, hicieron caso omiso a los guardias e ingresaron a toda velocidad.

 “Corrí y un marino me vio uniformado y con la pistola en la mano”, recuerda Ibarrola. “Le dije en guaraní que se me escapó un viejito del hotel Paris Niza, el marino me pregunto en guaraní si era uno pelado, chiquito con un maletín. Le dije que si, entonces me dijo que se fue en una lancha de pasajeros rumbo a Clorinda. Pero me llevó en su deslizadora a perseguirle. Le alcanzamos a mitad del río y obligamos a la deslizadora retornar al puerto. Él sostenía un maletín con las dos manos. ‘Déjeme oficial, no sea sonso, yo le voy a regalar mi maletín. Acá tengo un millón de dólares”, me dijo Ricord. ‘Yo le conozco al general Perón. Tome este maletín y déjeme escapar’. Abrí y era cierto. Allí estaba el dinero. Cerré y le puse las esposas”.

La odisea no había terminado. En el camino de regreso, la brigada fue interceptada a la altura de la Avenida Rodríguez de Francia y Estados Unidos por el Comandante Perrier, recordado por conseguir adolescentes a los jerarcas del gobierno, junto a tres hombres de civil y recorte cadete, aparentemente también militares. Obstaculizando el paso, Perrier afirmó que era el encargado de llevar a Ricord pero Ibarrola negó con la cabeza. ¡“Retírese del camino porque vamos a atropellar y matar a sus oficiales”! , les dijo el Comisario. Perrier, viendo que la brigada los superaba en números, aceptó. “Yo creo que les había enviado el General Patricio Colman, que ya se había enterado del tema”, afirma Ibarrola.

Finalmente a las 14 horas, Ibarrola llegó junto al detenido al cuartel de la policía. Inmediatamente avisó al General Brítez, diciéndole también que temía una maniobra del sector militar, comandado por Rodríguez y Colman para liberar a Ricord. Britez avisó a Stroessner, quién ordenó el cierre del cuartel de la Policía con 60 policías militares defendiéndolo.

En la declaración, el francés dijo de todo. En una carpeta que el mismo Ibarrola confeccionó, figuraba su relato que incluía los papeles que desempañaban Rodríguez, Colman, Pastor Coronel y Montanaro, entre otros. Junto a la carpeta, se adjuntó una serie de fotos donde se veía a Rodríguez y otros mandatarios brindando en la piscina del Hotel Paris Niza con Ricord. También, junto a la carpeta, quedó el maletín con la suma de un millón de dólares, dinero que luego desaparecería, al igual que la carpeta con todas las fotos comprometedoras.

Durante 15 días, el francés quedó en el cuartel de la policía. Posteriormente, fue trasladado a Tacumbú, por orden directa del General Stroessner, ya que Ibarrola insistía en el peligro de un rapto. Pero nada sucedió. Los militares no se animaron a tal operativo que hubiera creado una crisis interna, al mismo tiempo que una crisis con el gobierno de Richard Nixon. Pero todavía faltaba la extradición.

Era obvio que el poder que poseía Rodríguez en aquella época era mucho más de lo que se pensaba. A tal punto que su presión se hizo sentir en las leyes y en el mismo General Stroessner. El pedido de extradición fue encontrándose con una serie de obstáculos impuestos por la justicia paraguaya, que parecía responder más a Rodríguez.

Curiosamente, ese mismo año el Oscar fue entregado a la película “La conexión francesa”, con la actuación de Gene Hackman y Fernando Rey. Este último interpretaba al narcotraficante Alan Charnier, personaje inspirado en Ricord. La cinta trataba las peripecias del detective “Popeye” Doyle (Hackman) cuando detectaba un importante cargamento de heroína que llegaba a Estados Unidos proveniente de Marcella.

La extradición se dilató un año. En medio de la puja, el periodista Jack Anderson publicó en el diario “Washington Post” un artículo donde denunciaba que importantes hombres del gobierno de Stroessner estaban vinculados al narcotráfico. Incluía además una lista de nombres donde figuraba Rodríguez, Colman, Pastor Coronel y otros. Ante el escándalo internacional, Nixon decidió presionar más a Stroessner. Envió a un representante; Nelson Gross a entrevistarse con él. En la reunión puso las cartas sobre la mesa. Si el dictador no enviaba a Ricord a Estados Unidos, el gobierno norteamericano dejaría de dar asistencia económica y militar a Paraguay. Stroessner no pudo negarse y haciendo caso omiso a toda clase de presión por parte de Rodríguez, ordenó la extradición inmediata de Ricord.

El traslado fue organizado por las fuerzas norteamericanas, que pidieron también que viajara el Comisario Ibarrola para prestar declaración en la corte en Nueva York. Pese a algunas objeciones del sector militar, se autorizó a Ibarrola viajar a Estados Unidos. Pero camino al aeropuerto, el coche donde viajaba el comisario fue interceptado por la policía en la avenida Mariscal López, a la altura de la embajada norteamericana. “Vino un comisario y me dijo que el presidente se quería despedir. Y bueno, frenamos ahí en la quinta presidencial. Y Stroessner me dice: ‘Mire comisario, le van a preguntar por muchos Generales. Usted no va saber nada. Va decir que eso se debe arreglar de gobierno a gobierno. Si llega a contar lo que Ricord dijo en su declaración, donde acusó al General Rodríguez y al General Colman, entonces quédese nomás allá. Nosotros vamos a hacerle llegar a su familia en paquete. Buen viaje’. El mensaje fue bien claro. Pese a la puja interna, Stroessner seguía protegiendo a Rodríguez.

Ibarrola viajó en compañía de dos agentes norteamericanos. En Rio de Janeiro se acoplaron dos agentes del FBI. Ya en el aeropuerto John F. Kennedy 8 agentes más del FBI acompañaron la comitiva. Por razones de seguridad, Ibarrola fue alojado en tres hoteles diferentes.

Antes de estos sucesos, ocurrió algo llamativo. Enio Varela, quién estaba preso en la Penitenciaría de Nueva York, se fugó misteriosamente junto a otro testigo clave. Nadie pudo explicar cómo sucedió, aunque sí se supo que el abogado Cecilio Fleitas, administrador de “Cambios Guaraní”, los visitó unos días antes. Este, les habría llevado el dinero para la fuga.
Pese a ello, el juicio se llevó a cabo con total normalidad meses después. Duró 72 días, dentro de los cuales, Ibarrola testificó 4 veces. Durante el primer testimonio, el Comisario tuvo que reconocer a Ricord entre 15 sujetos parecidos al preso.

“Miré a todos y al llegar al noveno me frené. Él se rió. Le pasé la mano y Ricord me palmeó la espalda. Todos se rieron. Simpático era Ricord”.
Ibarrola declaró de la forma en que le indicó Stroessner.

“El abogado de Ricord me pidió que declare en poder de quien se quedó en Paraguay el maletín. Yo le dije que en el proceso no se a quien se le quedó pero que yo le entregué al jefe de policía bajo acta y con 6 testigos. Me preguntó si yo le tomé declaración indagatoria a Ricord y le dije que si, que había una carpeta que la tiene el jefe de policía pero que no me corresponde relatar ese punto porque en Paraguay la disciplina es distinta y eso se trata de gobierno a gobierno. Y hubo otras preguntas en relación de los negocios entre Rodríguez y Ricord pero expresé que eso no podía decir y que debía tratarse de gobierno a gobierno. Quería seguridad para mi familia”.
El juicio culminó con una sentencia de 20 años de cárcel para Ricord.

Ibarrola retornó a Asunción, convencido que ascendería rápidamente, teniendo en cuenta su desempeño. Sin embargo, nada de eso sucedió. Fue enviado a un sitio llamado “Zanjita”, frontera entre Paraguay y Argentina, durante siete meses. Luego de ese tiempo, retornó a su labor como Jefe de Inteligencia de la Policía pero sólo por seis meses. Posteriormente, fue enviado a la Comisaría de Jhugua Ñaró. Continuó con algunas actividades, pero su carrera fue truncándose poco a poco. Luego de 25 años de carrera, Ibarrola elevó una queja por los continuos confinamientos. Finalmente, fue pasado a retiro.

En junio de 1973, la revista “Selecciones” publicó una nota de investigación realizada por el reconocido periodista Natahm Adams titulada “Tráfico de heroína en Iberoamérica”, en la que relataba el caso Ricord. En la publicación se mencionaba los negocios turbios de Rodríguez, Colmán, Montanaro y Pastor Coronel. Por presión del mismo Rodríguez, los números no pudieron ingresar al país. Fueron confiscados en la aduana. Montanaro se comunicó con Adolfo Buzó, representante de Selecciones en Paraguay, informándole que no podían distribuirse las revistas y que las mismas serían quemadas. De todas formas, algunos números ingresaron clandestinamente. El rumor de la censura corrió enseguida por todos lados y muchas personas viajaron a Clorinda a comprar un ejemplar, ya que en Argentina la edición había sido distribuida.

Ricord no terminó la condena de 20 años. Luego de 10 años de cárcel, fue liberado. Un 11 de marzo de 1983, retornó al país muy enfermo. Había perdido el habla y andaba en silla de rueda debido a una parálisis. Su hija Josefina (Pupi), quién se quedó a vivir en Asunción lo fue a recibir. Ricord terminó sus días viviendo en una casa en el barrio Las Carmelitas. Algunos sostuvieron que la casa era pagada por Rodríguez, quién lo iba a ver a menudo. Dos años después, Ricord pasaba a mejor vida.

Los años pasaron, Paraguay debía incertarse en los cambios de la política internacional. Stroessner se negaba a dejar el poder y Estados Unidos ya no le interesaba continuar apoyándolo. La guerra contra el comunismo había terminado, algo que Stroessner no supo ver. Pero sí el General Rodríguez, que divisó la “veta” y terminó negociando con los norteamericanos. Un golpe de estado a cambio de su blanqueo. Buen negocio. Así, la madrugada del 2 y 3 de febrero de 1989, el hombre fuerte de la dictadura, derrocaba al viejo dictador que se exilió en Brasilia. Comenzaba así una democracia “tambaleante” que costaría mucho consolidar. El Comisario Ibarrola observaba atento los hechos. Algo más sucedería en su vida.

Doña Nely y Gustavo Saba 

Los años pasaron tranquilos con la aparente apertura. El caso Ricord había quedado atrás y el General Rodríguez había sido blanqueado verdaderamente. Ahora, era el flamante presidente de la república. Sin embargo, el mismo Rodríguez no parecía estar tranquilo con la vieja historia del narcotraficante francés. Era algo que aparentemente le preocupaba más de lo normal.
Un 7 de agosto de 1991, Salvador Ibarrola era detenido en su domicilio de Fernando de la Mora. El encargado del operativo fue el General Lino Oviedo. Ibarrola fue derivado a la caballería.

“Me llevaron al despacho de Oviedo, era una sala de conferencia con fotos de comando. Oviedo me dijo que el motivo de mi detención era Ricord, le dije que eso era algo del pasado. Debo reconocer que Oviedo me trató bien, me ofreció jugo de pomelo, gaseosa, soda. Pero lo peor estaba por venir”.
Ibarrola afirma que luego fue llevado a la Mansión de las Carmelitas junto a Rodríguez. En el despacho, también estaban presentes Doña Nelly, Gustavo Saba, yerno de Rodríguez, y el mismo Oviedo. La intención era que el Comisario firme un documento donde decía que Rodríguez nada tuvo que ver con los negocios de Ricord en el pasado. Gustavo Saba perdió la paciencia ante la negativa de firmar de Ibarrola, según él mismo asegura.

“Yo dije que no conocía a Saba y que no pensaba responder a ningún civil. Y él gritó: ¡‘Cállese badulaque’! ¡Perro americano! ¿Cómo usted no me va conocer? ¿Cuantas veces nos encontramos en Lido Bar? Y yo le invitaba el desayuno”. Le negué y me arrojó el tintero, después me pateó el tobillo. Me levante y tranquilamente le dije al General que no me trate así. Saba era neurasténico, maleducado, prepotente, amenazaba a mi familia, me decía que no la iba a ver más. Después entró Ña Nelly al juego. Me dijo: ‘Cierto es lo que te dice Saba’, a lo que le respondí: ‘En nombre de Dios todo poderoso Señora, no quiero que me trate así, yo no le acuso al General. El que le acusó fue Ricord en su declaración y esas fotografías que se encontraron en su casa, bañándose en la piscina del hotel tomando whisky”.

El Comisario siguió negándose a firmar. Ante esta situación, la esposa de Ibarrola acudió a la embajada norteamericana. Allí explicó lo sucedido, que habían detenido al Comisario y que le querían hacer firmar un documento. El embajador expresó que firmara lo que quisiera. En el caso Ricord lo que valía era lo sucedido en la Corte de Nueva York. Ibarrola terminó firmando el documento. Posteriormente, representantes de la embajada norteamericana se comunicaron con Rodríguez para aconsejarle que liberara a Ibarrola, según su propio relato.
Ahora, Ibarrola solicita el procesamiento del empresario Gustavo Saba y la viuda del General Andrés Rodríguez, Nelly Reyg, por secuestro y torturas. Su abogado es el Doctor Hugo López.

“Oviedo dijo que haga mi querella que él iba a ser mi testigo porque vio todo lo que me hicieron. Y mirá lo que son las cosas. El abogado de Saba llama a mi abogado y plantea darme un “caramelito”. Yo no quiero eso. Yo quiero verle a Saba y a Ña Nelly en la cárcel”.
En medio de las publicaciones del juicio que Ibarrola había iniciado a Saba y la viuda de Rodríguez, José Melgarejo Núñez salió al paso acusando al Comisario de torturador.

“Este José Melgarejo Núñez dice que Duarte Vera le ordena a Pastor Coronel y a mí para que le torturen en investigaciones. Duarte Vera subió con Alberto Planas, yo era jovencito en esa época. Prestaba servicio en la motorizada. Este señor debe aprender a mentir, yo no estuve en el Departamento de Investigaciones. Mi abogado me dijo que nosotros no vamos a caer en la trampa de Saba y de Ña Nelly, ni de este señor borracho. Ahí está el archivo del terror, donde se encuentran los nombres y apellidos de los torturadores. No me preocupa, a mí me apoya el Profesor José Luis Simón y el profesor Martín Almada. Yo no soy Stronista, ni Oviedista, ni Rodriguista. Yo soy policía profesional”.

Cuando Ibarrola regresa a su casa modesta, ubicada hoy día en Capiatá, bromea con qué hubiera pasado si aceptaba el maletín con el millón de dólares que tenía Ricord. Aunque poco le hubiera servido, ya que Stroessner le había dicho que lo colgaría en la plaza si se convertía en “Judas”.

Ibarrola sonríe. Camina con dificultad, luego se sienta en una silla en el patio de su casa. Tiene los recuerdos intactos. También la sensación de injusticia. De él, nadie se acuerda. Irónicamente, Rodríguez fue enterrado con todos los honores, pese a tener su nombre asociado al narcotráfico, usurpación de tierras y asesinato.

4 comentarios:

hugo Caceres dijo...

Sabiamos algunos que en esta historia estaban involucrados algunos ex jerarcas especialmente Rodriguez. Que injusticia verdad?

Anónimo dijo...

Tras la caida de ESTROESSNER fueron procesados y encarcelados los hombres fuertes de la dictadura..lo curioso q todos los q fueron procesados eran civilesy los verdaderamente poderosos del primer anillo de Alfredo Estroessner ..los militares de alto rango ni siquiera fueron señalados........

Monica Anahi Servin Torres dijo...

Siempre me había preguntado por qué Stroessner había sido traicionado por alguién tan cercano a él, después de todo eran familia. De a poco se van ajustando los cabos de nuestra historia. Gracias por el artículo.

rodrigo dijo...

el negocio continúa , cambian los actores....

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