Para ver el video entren a este link
http://www.youtube.com/watch?v=PwrkGtjj8b4&feature=fvst
Dicen que un país está hecho de HOMBRES Y LIBROS. La frase me llevó a imaginar otra frase “construir un país”. Para construir se necesita un/una arquitecto/ta y un ingeniero/a que diseñe, calcule, evalúe costos y ejecute la obra.
La arquitectura DISEÑARÁ el país que queremos: Con fachada moderna, pilares robustos, puertas amplias que facilite el acceso a su interior, y a todas sus dependencias, a todas las personas, sin importar su nivel de movilidad ni su capacidad de orientación. Claro que también debemos pensar en el muro que delimite nuestra propiedad, ni alto ni bajo, un muro que nos permita acodarnos en ella para “dialogar con el vecino” más inmediato, contarles de nuestras penas y nuestros logros, un muro que nos permita pasarnos la mano en demostración absoluta de solidaridad. Un detalle que no debe escapar es que debemos buscar un “diseño urbanístico” que no escape al tono y al tiempo de todos los demás “edificios vecinos”, que no seamos “La tapera” en medio de Rascacielos.
Para esta construcción debemos convocar a los mejores arquitectos, ingenieros; maestros de obras y obreros capaces y honestos, en realidad éstos dos últimos son tan o más importantes que todos los demás, porque para ésta obra necesitamos a maestros de obras que “HAGAN LA MEZCLA JUSTA” para que el edificio sea sólido y firme, con cimientos fuertes, con las dosis correctas de cada “ingrediente”. Necesitamos que a ninguno de estos obreros se les ocurra poner “un poco menos de cal, o de cemento o de piedras o de arena” para “desviarlo hacia su propia obra” basado en la frase “Total un poquito no va a hacer tanta diferencia” (muchos edificios se derrumbaron causando desastres lamentables porque a algún obrero se le ocurrió poner dos baldes más de arena para ahorrar cemento)
Terminado nuestro edificio necesitamos “pintarlo”, para ello debemos usar buenas pinturas y colores que realcen nuestro entorno, nada de una “manito de cal” para “esconder imperfecciones” mientras estén las visitas. Luego hay que “distribuir las dependencias” acorde a cada habitante de la casa, sin olvidar las dependencias “compartidas”, debemos ser conscientes de que la “habitación” que nos tocó habitar es tan importante que la de aquel que está en una “suite”, debe haber armonía entre todos, cada habitante de la casa debe aportar su talento para que a la casa no le falte nada para la comodidad y el desenvolvimiento de cada uno de sus habitantes, ninguno de ellos debe “invadir” la habitación de otro para “agrandar el suyo”.
No olvidemos de la decoración de la casa, ésta tiene que hablar de “NOSOTROS” de nuestras raíces, de nuestras costumbres de nuestro “SER dueños únicos y absolutos” de ese edificio llamado país, por eso la decoración no debe ser “importada”, mucho menos “copiada”. Sobre todo debe ser una decoración por la que todos nos admiren y respeten.
¡Uf!!!, me cansé por hoy, que tal si comenzamos a pensar donde estamos fallando en la construcción del país que queremos, que parte hace falta corregir, ésta debe ser una de las pocas “construcciones" que “nunca terminan de ser hechas” siempre habrá algún detalle que agregar, cambiar ¡Ops! No me di cuenta: es igual que la casa nuestra, siempre tenemos algo que debemos ampliar o reformar.
¡Jajaja! Esto fue apenas una escritura de terapia, espero que se hayan divertido
Estamos a un poco más de un mes de la Navidad y quiero hacer aquí un homenaje y un llamado a la solidaridad para con quienes, como el personaje de la historia, pasarán una Navidad más durmiendo en la calle o acaso “vagando solitario” sin rumbo ni destino.
Una leve sonrisa, medio amarga, afloró en los labios de Juan, era casi media noche, estaba buscando un lugar para dormir, estaba lloviznando y su lugar habitual no ofrecía abrigo, además estaba haciendo un poco de frío y su cuerpito de quince años, no aguantaba ambas cosas. De repente se acordó aquella vez (con 12 años) que durmió en la plaza y le tomó una sorpresiva lluvia, como había bajado la temperatura, le dio una gripe que lo dejó literalmente postrado, como no tenía más que a la vendedora de tereré de la plaza como amiga fue la única que lo socorrió con algunos antigripales y un poco de comida, la solidaridad en la plaza era muy común, nadie moría de hambre en la plaza. Juan seguía con la sonrisa pintada en los labios, estaba absorto en sus recuerdos, pero también estaba obsesionado por aquella imagen pintada en la vidriera, era el Pato Donald y toda la pandilla Disney, Juan siempre soñó en ir a Disney, ni idea tenía donde quedaba Disney, pero soñaba ir allá.
Juan ya no recuerda cuanto tiempo tiene de calle, para él los días, los meses y los años le daban lo mismo, solo sabe que tiene que buscar algo de comer, lustrar zapatos para comprarse algunas golosinas y cuidar de no enfermarse. ¿Amor? Era una palabra que veía repetidas veces en placas de anuncios de regalos en los comercios, por eso siempre creyó que era un artículo caro ¿Un abrazo? Nunca nadie le había dado uno ¿Elogios? No sabía lo que eso significaba. ¿Felicidad? Juan lo era a su manera. Era libre, iba al río las veces que quería, viajaba cuando y donde quería, en fin, solo no pudo ir a Disney.
Aquella mañana de 24 de diciembre Juan buscó lustrar una buena cantidad de zapatos para comprarse un par de ropas nuevas y un par de zapatos, ya tenía 15 años y no quería pasar aquella Navidad sin algo nuevo, su letanía de “ja lutrá ndee che atrón” parecía no tener sonido o que nadie le escuchaba, la prisa con que se movían las personas no le permitían “rogar” “suplicar” por unas monedas para su ansiada “ropas nuevas”. Llegó la noche sin que Juan pudiera juntar dinero siquiera para una bombita. ¡Bueno…! dijo Juan - me voy a ir a dormir.-
Estaba lloviznando, ya lo dijimos, Juan estaba absorto en la propaganda de Disney, también ya lo dijimos, solo había llovizna, luces, guirnaldas encendidas y Juan en aquella calle céntrica de la capital, algún petardo explotando y algunos equipos de sonido a todo volumen en algún lugar de aquel paisaje casi desértico era todo lo que rompía el silencio. Silencio impregnado también en el alma de Juan. Juan ni siquiera tuvo nada que cenar aquella noche, hasta la plaza quedó vacía, los basureros no habían sido sacadas, entonces tampoco podía buscar en ellos algo de comer, aunque más no sea resto de hamburguesa o un pedazo de empanada. Resumen, Juan estaba hambriento y se estaba yendo a dormir sin comer nada.
Acomodó su cartón, puso cajón de lustres al lado, lo tapó para que nadie le robara y se acostó, no tardó mucho en dormir, ni siquiera escuchó las campanadas de la medianoche en la Catedral, ni la multitud de petardos explotando al anunciar la Navidad, ni los bocinazos en la calle.
La mañana del 25 de Diciembre, el reloj marcaba las 8 horas, Juan ni se movía, la gente pasaba cerca de él, nadie extrañó que aquel ser humano esté tan quieto. Alguien que pasó pensó en voz alta ¡Tan joven y ya está perdido, borracho! Terminó en tono de reproche. Nadie se percató que Juan había muerto aquella navidad.
Definitivamente Juan ya no podrá ir a Disney
Mi loca cabecita no aguantó la rabia ante tanto cinismo, mi loca cabecita no encontró una razón valedera para tanto festejo, derribaron el Muro de Berlín, ese Muro construido de piedras y cemento, pero los verdaderos muros que dividen a los hombres en la tierra, esas están fortalecidas y vigentes, aún más vigentes que antes. La ingeniería de la Ley de la migración, llamada " la Ley de la vergüenza" en Europa, es la mayor y más intransponible de las murallas ya "construidas" a lo largo de los años.
Cuando niño me enseñaron que España era “nuestra Madre Patria”, hoy me pregunto ¿Qué Madre es esa que le pone apodos denigrantes a sus hijos? Nos bautizaron de paraguayos, pero para nuestra Madre Patria no somos más que “Sudacas”. Nos cierran fronteras, nos someten a humillaciones a las que no somete a sus hijos naturales. ¡Claro, ahora ya nos robaron todo hasta la sabiduría de nuestros ancestrales! (incluido las riquezas naturales) Ya no servimos sino para trabajar como esclavos y ser explotados.
No derribaron el muro de las diferencias sociales y es la que realmente debería ser derribada, y con urgencia.

Recuerdo aquella mañana del miércoles 20 de agosto del 2009. Me sentía muy feliz aunque con un poco de sueño porque me acosté muy tarde preparando mis documentos que acompañarían la carta dirigida al doctor Carlos Mateo Balmelli, director de la Itaipú Binacional. En el ambiente aun se sentía la euforia del juramento de Fernando Lugo como presidente de Paraguay.
Mi nombre es Cayo Sebastián Acosta Cuenca, muchos me conocen como “Cachito”. Nací un 4 de julio de 1960 y desde muy pequeño soy portador de una discapacidad física que actualmente me afecta el 70% de mi cuerpo. Desde que tengo uso de razón traté de fingir que era un chico “normal”, caminaba con mis muletas a toda prisa y hasta trataba de jugar al fútbol. Todo, para que no me miren como se decía frecuentemente, un “paralítico”. Esa constante se repitió en toda mi niñez, mi juventud y mi adultez. Cumplía con mis estudios primarios, secundarios y universitarios con toda regularidad, pero siempre con la ayuda de mis padres. Estuve en contra de la dictadura y comencé a activar en los movimientos sociales. Siempre fui feliz y amaba la vida. Pero había algo que me incomodaba desde que salí de la universidad, una actitud que asumían conmigo ciertas personas que me imposibilitaban concretar aspiraciones en la vida tales como becas y trabajos.
Milité un buen tiempo en ARIFA donde luché al lado de compañeros por los derechos de la personas con discapacidad. Se avanzó mucho desde la década de los 80 y hoy ya se habla de inclusión y tenemos una buena ley que debiera insertarnos en la función pública.
Llegó el taxi frente a mi casa, alzaron mi silla y partimos rumbo a las oficinas de la binacional Itaipú; el taxista estaba más emocionado que yo al punto de colocarse a mi disposición para trasladarme todos los días. Llegamos al frente del local en cuestión y por gentileza de un funcionario llamado Derlis pude agilizar los trámites. Al despedirse de mí, me dio un fuerte apretón de manos y en guaraní me dijo que vaya tranquilo y que regrese pronto para trabajar. Fue día magnífico.
Siempre quise ingresar a Itaipú, porque representaba un desarrollo para mi carrera y la posibilidad de tener un buen ingreso, ya que la vida para mi es tres veces más cara, pero debía tener un buen “caballo”. Hasta hoy, la contratación de personal del lado paraguayo, es potestad del director paraguayo.
Mi deseo de intentar ingresar nuevamente a Itaipu volvió tras el 20 de abril. Ganó el monseñor y el fantasma de la discriminación comenzó a desaparecer de mis pensamientos. Ese deseo, comentaba a los compañeros en las distintas tertulias que se generaban en el tiempo del traspaso. Todo era alegría, solo la forma de hablar de algunos compañeros comenzaba a sonarme raro. Pero en fin, el cambio se venía y eso era lo que importaba.
Fui aprimorando mi currículum vitae y retirando los certificados que daban cumplimiento a la Ley 2.479/04. Cuando llegó el nombramiento de Mateo Balmelli pensé que no habría problemas y mucho más aun cuando supe que Walter Rojas, un sacerdote con permiso, sería el súper intendente de recursos humanos. Por este hecho estuve realmente feliz porque mil veces habrá repasado trechos del evangelio donde presentaba a Jesús haciendo milagros curando a los paralíticos sin más burocracia que un simple pedido. Además pensé que era un hombre muy sensible ya que me enteré por los medios que lloró, porque según él, el presidente le había tratado mal.
Transcurrida la primera semana, hasta hoy día, jamás tuve una respuesta oficial sobre mi pedido. De nada sirvieron las centenares de llamadas telefónicas a Recursos Humanos de Itaipu. Rogaba por una audiencia con Walter Rojas pero fue imposible. Alguien me dijo, hace lobby chamigo.
Comencé a llamar varias personas personalidades. En otro momento relataré pormenorizadamente mis conversaciones en forma puntual. Uno de esos pedidos forzó que sea recibido por Walter Rojas. La entrevista duró un poco más que un estornudo. Echó una rápida ojeada a mi currículum, evitó comentar al respecto diciendo que la desición dependía de Mateo Balmelli y que en ese momento no se encontraba en el edificio. Le rogué a que me diera una respuesta en breve y dijo que al dia siguiente me daría. Ustedes ya se imaginarán, jamás volví a encontrarlo. Comencé de nuevo con mi pedido solidario a personalidades. Quiero destacar que los que hablaron con Walter Rojas tuvieron cada uno respuestas diferentes e inverosímiles y lo más triste fue que algunas de estas personalidades fueron convencidas por las versiones dadas y hoy ni me llaman, ni me contestan las llamadas. Pero a mi nadie me dice la verdad.
También recurri a la Secretaría de la Función Pública enviando una nota a la Ministra Secretaria Dra. Lilian Soto (carta I y Carta II) de quien jamás recibi una respuesta oficial. Solo un mail de la encargada de gabinete de la ministra Ana María Ferreira exlicándome que nada pueden hacer porque Itaipu es una binacional y esta fuera de la juridiscion, pero que recibieron la promesa de que se trabajará por la inclusión de las personas con discapacidad. Hace poco llamé nuevamente a Ana María Ferreira, recibiendo la misma respuesta por lo que le reclamé una contestación oficial de la Secretaría de la Función Pública. Me prometió y sigo esperando. Creo que es más fácil posar en las conferencias de prensa en la que en forma rimbombante se firman acuerdos para desarrollar y ejecutar sendas campañas de sensibilización sobre la inclusión de persona con discapacidad, que lograr que yo sea contratado por la Itaipu.
Otro intento fue llegar a López Perito. Envié un mail y fax a su secretario privado Fernando comentándole el caso y los facsímiles correspondientes. ¿Dónde los metió? No me pregunten, ya que también jamás recibí una respuesta.
Quiero agradecer a todos los que verdaderamente se preocuparon e intentaron ayudarme. Yo no pido una concesión graciosa o un favor político sino que pido el cumplimiento de una ley. Se esfuerzan por explicar que Itaipu no está bajo la competencia de esa Ley, pero no explican porqué no puedo trabajar allí. En estas líneas quiero dar una eterna gratitud a Leonor Cardozo, luchadora con coraje, que las veces que estaba yo caído en el suelo y sin que le pida, llamaba a las personas que por su posición política podía torcer algo hacia mi inclusión. Imagínense lo que le habrá dicho Walter Rojas para que éste, a los 5 minutos de haber recibido el mensaje, le contestara la llamada. ¿Qué le dijo Walter a Leonor?, les prometo contar en las entregas que haré en el blog que próximamente estará habilitado. También a mi esposa Tere, que está sobrellevando férreamente esta situación a la que me imponen y que con su entereza está logrando que no se destruyera nuestra familia.
Por lo que veo, mi única alternativa es hablar con el propio Fernando Lugo. Intenté por todos los medios llegar a él. Pero es imaginable que encuentre dificultades. Por ello, si hay alguna manera o existe alguien que pueda llevarme junto al Presidente, agracedeceré infinitamente que me informen. Hay muchas personas como yo, que están padeciendo la misma angustia, pero ya no tienen fuerzas. Mientras, veo por la tele que Mateo Balmelli se siente perseguido, a Walter Rojas que le llaman Satanás y todos reclaman soberanía energética.
Ya no puedo contar con mis padres, tengo esposa e hijos, y no tengo la dignidad de poder protegerles económicamente, sino la humillante condición de ser mantenido a pesar de contar con una buena preparación y mucha voluntad de hacer algo por mi familia y mi pais. Seguiré esperando que algo o alguien cambien el rumbo y hagan cumplir con la Ley. Cómo pretendemos cambiar la corte suprema, si hay funcionarios nombrados por Fernando Lugo que no quieren cumplir una justa Ley que protege a las personas con dicapacidad.
Un abrazo a todos y todas.
Cayo Acosta
C.I.: 660-646
* Imagen con D.R. Internet Hola querid@s seguidor@s, aqui vamos de nuevo a la aventura de hablar de polítiquería y las vicisitudes que, lo...