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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Mujer de .?. vida


Rossana, 36 años, morena, alta. Parecía mucho más de los años que tenía en realidad, parecía que cada año para Rossana valía por tres, sin exagerar para nada.

En realidad no se llamaba Rossana, inventó ese nombre para esconder el suyo propio.

Una sonrisa amarga afloró en sus labios, llevaba unas gafas oscuras, hace unos días Roberto, su compañero (para no llamarlo de otra manera), le había golpeado, siempre lo hacía, especialmente cuando no llevaba dinero suficiente para él. Se preguntaba por qué no lo dejaba ¿Quién la querría? ¿Roberto al menos esta “a su lado”? Una mujer como ella no tiene otra alternativa sino “pagar” para que alguien esté a su lado. Tener “un macho” era una garantía de que nadie la atacaría, excepto el mismo Roberto que la molía a trompadas día sí día no, era un rito al que ella ya se había resignado. Todo por conservar a Roberto a su lado, era mejor que estar cambiando de pareja cada momento.

Veinte años atrás ganaba un buen dinero, era joven y muy bonita; había llegado del interior, un noviecito de adolescencia la trajo con la promesa de que él trabajaría y luego se casarían, inexperiente en la época Rossana se embarazó, su pareja se asustó con la responsabilidad futura y desapareció del mapa, ella arcó con todo el peso de su embarazo y la crianza de José, su hijo, que ahora ya era un hombre hecho, había ido a trabajar y estudiar en Buenos Aires, porque nunca estuvo de acuerdo con la vida que llevaba su madre, aunque nunca la reprochó. Siempre le decía que estudiaría, se formaría para darle una vida más digna, hacía seis años que no veía a su hijo, aunque siempre recibía cartas, Rossana nunca usó teléfonos, no le gustaban.

Rossana vivía en una casita alquilada, nunca pudo comprar un ranchito siquiera, Roberto le sacaba la mayor parte de lo que ganaba, él los perdía en juegos y vicios, además, Rossana lo sabía, Roberto tenía otra mujer y un hijo, pero a Rossana eso no la molestaba. A veces hasta se sentía orgullosa de mantener a la familia de Roberto, sí…, porque “aquella” era la verdadera familia de Roberto, ella apenas era la “fuente de ingresos de Roberto”

Varios eran los “motes” que solían usar para “referirse” a Rossana, “P…” era la más frecuente, “Mujer de mala vida”, la más elegante era “La Cualquiera”; de todas la que más le causaba risa a Rossana era “Mujer de vida fácil”. Solía decir en sus adentros “Ya quisiera yo que cualquiera de “ESTAS” que dicen que tengo “vida fácil” prueben por un día lo que yo vivo” Son hipócritas – remataba.

Allí estaba Rossana, sonrisa amarga en los labios, lentes oscuros para disfrazar el ojo morado, bastante maquillaje para esconder los años. Ahí estaba la Rossana, la verdadera era otra persona, que quedó perdida en el tiempo veinte años atrás, perdida junto con sus sueños de adolescente, perdida como su familia que la rechazó cuando quiso volver con su hijo en brazos, hace veinte años “nació” Rossana, para llevar adelante la cruz que le tocaba vivir. Las espinas de aquella cruz siempre fueron Roberto que la golpeaba, la sometía y la “explotaba”, el desprecio de la gente.

José, su hijo, era el único que le llenaba de palabras de cariño, José era su consuelo, y su esperanza de que algún día vuelva a llamarse Rosa Mariela, como la bautizaron.

De momento era Rossana, la escupidera de una sociedad hipócrita y desalmada, la mujer que es paga para escuchar y "refrescar" a hombres amargados y desilusionados. Rossana era la depositaria de los bajos instintos humanos, la que reniega de su propia dignidad para llevar la vida adelante. Todos la llamaban Pu.., nadie se daba cuenta de que bajo aquel “disfraz” había un alma que sufría y soñaba, que bajo aquel disfraz había UNA MUJER, un SER HUMANO.

martes, 14 de abril de 2009

La Vanalizacion moral

Tantas veces nos preguntamos porque la sociedad va por mal camino; la respuesta no es tan sencilla como parece, sin embargo hay un elemento que parece estar escondido a los ojos de quienes nos hacemos esa pregunta: la vanalización de los valores morales más esenciales a la sana convivencia y al crecimiento intelectual del individuo, hemos trastocado todos los valores y los roles del ser humano. Puedo parecer bruto, hasta estúpido, pero creo no estar muy lejos de “la verdad” en este tema.

Hemos vanalizado el amor, lo hemos convertido en un papel teatral que debemos representar para no parecer malos; hemos vanalizado el matrimonio, la hemos convertido en una farsa; hemos vanalizado nuestra palabra de honor, hasta la hemos hecho desaparecer. Hoy ya no vale la palabra; hoy hablan mudos papeles y valen más que cualquier palabra empeñada; al sexo lo hemos convertido en pornografía, una mercadería cara para ambos lados; mucho dinero para quienes la desean ver y vidas (salud física y moral) destrozadas para quienes la protagonizan.

La política: esa herramienta que debería ser usada en pro del bien común la hemos trastocado por el del oportunismo: “ésta es mi vez y no la voy a desaprovechar” “si no lo hago yo otros lo aprovecharan y yo no pareceré sino un tonto”, son las excusas más comunes para tratar de acallar a la propia conciencia por el hecho de haber desviado algún presupuesto social indispensable, o haber inflado el costo de algún medicamento o haberle robado las horas de trabajo al obrero o como obrero el haber utilizado una herramienta de trabajo en provecho propio y sin permiso del patrón.

Pequeñeces que, sumados, dan un perjuicio enorme a quien lo practica y al entorno en general.

Reconozco que este escrito es una estupidez, aparte de mal redactado, pero me sentí impulsado a escribirlo tal cual.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Palabras que no deberían existir; Frases que nunca debían ser dichas



Cuando hacia mi programa y venían personas solicitando ayuda para algo o alguien y debía referirse a una mujer que ha tenido hijos sin ser casada, detestaba cuando se refería a ellas como “madres solteras”. Siempre les reprochaba, les decía que una madre no tiene condición civil: es madre y ya está, es el mejor titulo que una mujer puede tener. Además, si le llamamos a una mujer como madre soltera, ¿porque al hombre no se le llama también “padre irresponsable”?, porque de hecho hay madres solteras porque hay “padres irresponsables”. Otro de los graves errores que cometemos en esta sociedad de una moral hipócrita es la de llamar “hijo de puta” al hijo de quien ejerce la profesión más antigua del mundo; el hijo no tiene porqué cargar con el estigma del oficio de la madre, peor aún, siquiera la madre tiene porque ser llamada de esa forma despectiva, en algunos países este “trabajo” es considerado legal e incluso necesario, tiene todos los recursos de seguridad social que les son inherentes, como salud, leyes que las protegen en sus derechos, autoridades policiales que no se burlan de ellas, en fin.

¿A qué viene este comentario?, a que necesitamos urgentemente reprogramar nuestras ideas en relación a la falsa moral; es cierto que la “fornicación” es un pecado, pero quienes somos nosotros para condenar al pecador, hablando “religiosamente”; ahora hablando como simples ciudadanos, desligados de toda y cualquier dirección filosófica – religiosa diremos que cada ciudadano/na es libre de elegir el estilo de vida que lleva y somos libres de relacionarnos con cada uno, una de la manera que nos plazca, lo que debe regir nuestras vidas y nuestros comportamiento deben visar sobre todo el respeto y la armonía.

Lo que quiero es que dejemos de ser hipócritas condenando a los demás en función a su “trabajo” o a su condición civil y comenzar a diseñar un País más solidario, menos discriminante. Somos un País de apenas 5 millones de habitantes, necesitamos más gente sin embargo le criticamos a los que tienen hijos sean uno o diez, en ese tema lo que falta es política social, fuentes de trabajo, escolaridad realmente gratuita; capacitación real y equitativa para todos. Educar, capacitar es lo que hace a un País, esa era la filosofía y pensamiento de Carlos Antonio López y creó un Liceo.

Este "Desgobierno" que promete mucho y no hace nada.

  * Imagen con D.R. Internet Hola querid@s seguidor@s, aqui vamos de nuevo a la aventura de hablar de polítiquería y las vicisitudes que, lo...