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martes, 22 de mayo de 2012

Una bomba, tres hipótesis y un destino


Un artículo que nos hace pensar en cómo el poder fáctico actúa para engañar a la gente.



CONFLICTO, DROGAS Y PAZ

 Por Rodrigo Hurtado*

Alfredo Rangel rechaza esta insinuación: “¿Por qué la derecha atentaría contra su único vocero en los medios de comunicación? ¡Es absurdo!” dijo en Hora 20. “En la emisora de 'Sinchi' (Caracol) ya están insinuando que es un auto-atentado de la 'mano negra'”, ironizó José Obdulio Gaviria.
¿Por qué atacar a Londoño Hoyos? ¿Quizás por su oposición a una ley que eventualmente podría beneficiarlos -como se opuso esa mañana en su editorial de La Hora de la Verdad? ¿Para cobrarle la extradición de sus jefes? No se conoce ningún interés de estos grupos en desmovilizarse, y más bien sus jefes están arreglando por las buenas con las autoridades antinarcóticos de Estados Unidos. La duda está sembrada.

Manzanas podridas y ruidos de sables
Tristemente en Colombia, no basta con descartar a los grupos armados ilegales de derecha e izquierda como posibles responsables de un atentado contra civiles en pleno corazón de la capital. Para muchos la sola idea de que miembros de la Fuerza Pública fabriquen un atentado terrorista es perturbadora, pero hay antecedentes.
En julio de 2005, Emilio Vence Zabaleta salió del DAS acusado por su jefe, Jorge Noguera Cotes, de fabricar tres atentados contra el presidente Uribe en el Atlántico. Vence Zabaleta logró demostrar ante un juez que fue una víctima de esos montajes y que el verdadero responsable fue precisamente Noguera, hoy condenado por poner el DAS al servicio de Jorge 40. Un indigente, Alfonso Rafael Zambrano Puello, capturado por estos hechos y que pagó su condena en la cárcel El Bosque, reveló que “llevó en su carretilla dos morteros, ocho granadas y otros artefactos cubiertos con cartones y botellas vacías, que le habían entregado los mismos hombres que horas después lo detuvieron. Por presión de los agentes, dijo que los explosivos pertenecían a las Farc”.
El 10 de octubre de ese mismo año, el entonces senador Germán Vargas Lleras sufrió un atentado con bomba a la salida de la emisora Caracol. El Gobierno, en boca de Noguera, el ministro del Interior, Sabas Pretelt y la Policía señalaron a las Farc. Pero el año pasado, la revista Semana reveló pruebas de que el atentado fue urdido por agentes del DAS, que habrían infiltrado la escolta del parlamentario. Un documento de ese organismo reza: "Posiblemente los atentados realizados al doctor Germán Vargas Lleras los realiza un civil que tiene un familiar en el DAS, quien le suministra los explosivos". La investigación en el DAS se cerró, luego se desvió y todavía no se han aclarado los hechos.
Pero no sólo se trata del DAS, hoy supuestamente extinto. Miembros del Ejército y la Policía también han resultado implicados en esta macabra modalidad de falsos positivos. El mayor Javier Efrén Hermida Benavidez y el capitán Luis Eduardo Barrero, integrantes de la Regional de Inteligencia Militar del Ejército (RIME), fueron imputados por los delitos de estafa y transporte ilegal de explosivos. Los oficiales se confabularon con la desmovilizada Lidia Alape Manrique, alias Jessica, para perpetrar tres atentados en Bogotá, uno de ellos contra el Centro Comercial Caracas, ocurrido en julio de 2006. Jessica fue condenada a 10 años de cárcel, en agosto de 2008.
Quizás el caso más paradigmático sea el del Coronel de la Policía,Danilo González. Comandante del Bloque de Búsqueda y declarado héroe por su papel en la lucha contra Pablo Escobar luego se supo que, con el devenir de la guerra, se había aliado con los narcos del Cartel del Norte del Valle y que sería uno de los cerebros del asesinato del líder conservador, Álvaro Gómez Hurtado. En ese crimen, que sigue convenientemente impune, también se ha señalado la participación directa de miembros de la Brigada XX de Inteligencia del Ejército, encabezados por su comandante, el coronel Bernardo Ruiz.
Estos antecedentes, y las revelaciones de correos electrónicos entre miembros de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares, en los que se critica al presidente y se afirma textualmente que “Hay que decirle al pdte Santos que, o esto cambia, o tendremos que removerlo del cargo”, podrían apuntar a sectores inconformes dentro de las Fuerzas Militares interesados en desestabilizar al gobierno.

Lo más grave
En fin. En Colombia hay suficientes empresas criminales con la capacidad, la oportunidad y el motivo para perpetrar un atentado como el del pasado 15 de mayo. Y eso es, precisamente, lo más preocupante. La sociedad recibe el golpe y no sabe a quién culpar, ni cómo reaccionar.

Aquello fue patente al otro día, en un plantón de protesta en la misma esquina donde atentaron contra Londoño. Los pocos concurrentes, no más de 200, no sabían qué arengar ni contra quién. Unos gritaban “No más FARC”, otros “No a la ley Roy” (en referencia al Marco Jurídico para la Paz aprobado la noche anterior), otros repetían “Paz, Paz, Paz” y hubo hasta conato de pelea entre unos “furibistas” que culpaban al gobierno Santos y activistas por la paz que querían blindar el evento de connotaciones partidistas.
Todo el espectro político ha condenado el atentado, incluso los más duros contradictores de Londoño: Piedad Córdoba, Carlos Lozano, Colombianas y Colombianos por la Paz, La Marcha Patriótica, La Comisión Colombiana de Juristas, Gustavo Petro, León Valencia, Claudia López, Daniel Samper Pizano… El Uribismo es la única facción que no ha perdido la oportunidad de sacarle provecho político. El expresidente Uribe desde las 11:01 de la mañana del martes lanzó una arremetida meditática contra Santos por el manejo de la seguridad y de un supuesto plan de paz con participación de Chávez.
Entre tanto, la sociedad sigue confundida y desorientada. Aunque el general Naranjo -con candidez o descaro- aseguró que en Colombia “en los últimos años no hay un solo hecho de terrorismo que haya quedado en la impunidad” hay que recordarle que aún no sabemos quién fue el responsable de
·         el bombazo en la Escuela Militar, el 19 de octubre de 2006;
·         el ataque a la sede de Caracol Radio, el 12 de agosto de 2010;
·         ni la explosión en el busto de Laureano Gómez el 17 de junio de 2011.
Y de ahí para atrás la lista de magnicidios, genocidios o bombazos sin responsables es larga. Muy larga.
Este atentado no depara sino más guerra, porque acentúa el odio visceral de la población, principalmente contra las FARC, lo que a su vez dificulta cualquier salida negociada. El plan de paz de Santos nació manchado de sangre y no deja de ser por lo menos macabro que se apruebe una legislación favorable a los miembros de grupos armados ilegales justo el día en que uno de ellos puso una bomba en el centro financiero de la ciudad. Recuerda el día en que al calor de los bombazos de Escobar, se hundió la extradición en el Congreso.
Ahí están pues los “enemigos agazapados de la paz”, “las fuerzas oscuras”, “la mano negra” o los sospechosos de siempre, listos a cobrar. Su propósito está consumado: la sociedad está dividida. Ellos, en medio de la confusión, ganan: el negocio de la guerra marcha sobre ruedas. En medio del desorden, aprovechan para afianzar su poder y quedarse con todo lo que ganaron por la fuerza en los años del despojo. A la sociedad atemorizada solo le queda esperar a los resultados de las “investigaciones exhaustivas”. Las instituciones tienen la palabra.
* Periodista y profesor universitario


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