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jueves, 27 de septiembre de 2012

Un artículo interesante


osamenta

El Senador alfredo gollum stroessner reclama el derecho que tiene como familiar, a traer los restos de su abuelo el ex Dictador, “para que descanse en la tierra por la que tanto peleó con errores y aciertos”. Ante las críticas, aseguró que una encuesta revelaría la gran cantidad de gente que apoya esta iniciativa. Lógicamente serían aquellos pocos que se beneficiaron con los arbitrarios aciertos del tirano.
Entre los errores del abuelito de gollum, se puede citar a los torturados, a los detenidos en forma arbitraria e ilegal, a los que fueron ejecutados, desaparecidos y exiliados que, según el Informe Final de la Comisión Verdad y Justicia, alcanzan la suma de 20.090 víctimas, y sus familiares afectados, unas 107.987 personas.
Estos cálculos no incluyen otras violaciones de derechos humanos hacia sectores o individuos que no gozaban de la simpatía del único líder que manejó criminalmente el país durante 35 años. Para entender lo que pasó durante la dictadura, conviene visitar el Museo Virtual Meves, hacemos extensiva la invitación a gollum para cotejar si a esos errores se refiere.
Consecuentemente los que sufrieron de manera directa e indirecta y viven para contarlo, son los que se oponen al regreso de la osamenta.
A pesar de todo, hay aportes que conviene reconocer y tienen que ver con la mentalidad que domina la vida de los ciudadanos hasta el día de hoy. Con stroessner todo era más fácil. Solo había que acceder a vivir bajo las aleatorias condiciones que imponía, era importante y a veces vital hacer contacto con alguien del circulo influyente para acceder a beneficios premium o simplemente asegurarse el derecho de trabajar y/o vivir. No pertenecer a ninguna “minoría”, principalmente homosexuales, comunistas, indígenas y opositores a su gobierno, ayudaba mucho al desenvolvimiento exitoso de cualquier ciudadano.
Por lo demás, la consigna era sencilla, la obediencia y sumisión hacia quien ejercía el rol de “amo y señor” un tanto más exagerado que Arnaldo André.
Gracias a stroessner se instaló en la población un modo de operar que es contrario a cualquier esfuerzo que no reporte un beneficio inmediato, contante y sonante. Las personas que encarnan el éxito en este país lo han logrado, manteniendo el modo stronista de lealtades donde la traición, siempre que beneficie al amo, es muy bien recompensada. De manera que, la inteligencia es una pérdida de tiempo y es rápidamente reemplazada por la viveza.
Así el Dictador forjó esta nación convirtiéndola en lo que es hoy: un pueblo cobarde y traidor.
Un pueblo con personas carentes de principios que admiran alardes inútiles. Donde el éxito nunca se mide por la capacidad, por la inteligencia, por la probidad, eso no le importa a nadie, hoy todo se reduce a una estética. Coches caros y ropas de marca son los indicadores del triunfo para la elite que mantiene firmes los preceptos del dictador.
Los más jóvenes por su parte, gracias a un sistema que castiga a quienes demuestran compromiso y elogia la eterna diversión, canalizan sus energías rebeldes admirando corajes inútiles. Como drogarse es peligroso y el tatuaje duele, les parece que hacerlo es de corajudos. La juventud es el principal agente de cambio, pero se limitan a admirar supuestas audacias que no producen ninguna transformación en la sociedad y consecutivamente sirven de sostén al sistema. Son el resultado del “no te metas” stronista. Se conforman así con transgresiones menudas que no pasan de ser estéticas, con un estilo siempre cansino y haciendo alarde de sus capacidades disminuidas. Habría que empezar a resistir a la tentación de sentirse genial por este tipo de cosas.
En este sistema stronista en el que todavía elegimos vivir, se ha llegado al colmo de llamar héroe a cualquier persona que lucha por su supervivencia. Cuando los actos heroicos jamás son redituables, nunca a favor de sí mismos, ni siquiera en situaciones límite. Los actos heroicos son justamente aquellos que implican sacrificio y pérdida desinteresada a favor de alguien distinto de uno, sin pretensiones de reconocimientos ni recompensas. Convenientemente cedemos ese rol, a quienes necesitan de nuestros actos heroicos.
No estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época. Ese cambio ocurrirá cuando la mentada “garra guaraní”, sirva para algo distinto de rascarse la zona en donde supuestamente se aloja el coraje.

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