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sábado, 14 de diciembre de 2013

Lorenzo Prieto, una leyenda del ciclismo paraguayo



Lorenzo Prieto. 

El primer paraguayo en el libro Guinnes. 
Campeón mundial de Permanencia en bicicleta, con un record no superado, de 30 días y 30 noches. 

El rey del pedal 

Orgullo guaraní 

¿Qué empujó a este hiperactivo niño a convertirse en el “Rey del pedal”?. 
Como les contaba, a sus once años daba sus primeros pasos en la música, en la orquesta “Columbia Jazz”. El destino hizo que Lorenzo viaje con ella a Río de Janeiro, Brasil, más que músico, como utilero de la misma. 

El bullicio de la ciudad carioca deslumbró a nuestro personaje. Desde ese instante él sabía que su destino era recorrer el mundo. Aún no comprendía como lo haría, pero no tardaría en averiguarlo. Su mentalidad, sus ansias de crecer, de sobresalir y ser famoso agudizaban sus sentidos. La menor oportunidad no la desaprovecharía. 

Una tarde calurosa de sol radiante, en las cercanías del hotel donde se hospedaba, Lorenzo dirige su atención hacia una cancha de baloncesto atestada de gente que aplaudía y vitoreaba. Su espíritu aventurero y la curiosidad le llevaron hasta allí, donde empujando y esquivando gente se ubicó al frente del público. 

Allí estaba él. Cual caballero en su montura, con un traje ceñido al cuerpo que denotaba su atlética figura, alto, de piernas y brazos acicalados, de mirada penetrante, el campeón mundial de permanencia en bicicleta Silki Savagge. 

Lorenzo no se conformó con verlo. Aprovechando que Victoriano Pino, su director de orquesta, intercambiaba algunas palabras con el ciclista, saltó de su privilegiada ubicación entre el público y se dirigió al campeón. 

- “Señor campeón, señor campeón!… como me gusta lo que usted hace!...” Osado y valiente, agregó: - “A mí me gustaría también hacer lo mismo!”. 

Cual puñal lanzado con prisa, Savagge clavó su mirada en los inquietos ojos de Lorenzo y preguntó: - ¿Quién es usted? ¿Cómo se llama? 
¡SOY LORENZO PRIETO Y SOY PARAGUAYO! respondió eufórico el pequeño. 

Con aire de soberbia el hombre espetó: - “Esto que yo hago no es para paraguayo alfeñique como vos”. Más que sorprendido, sintiéndose rechazado Lorenzo retrocede un poco y en forma impetuosa le contesta devolviéndole aquella mirada punzante… -“¡Este alfeñique alguna vez te va a sacar tu título!” 

campeon

Primera oportunidad 

Allá por el año 1956, una competencia de resistencia en diferentes modalidades deportivas es organizada en la sede del Club Guaraní, en Asunción. Su mentor, un mago brasileño llamado Grow Gamus. ¿Coincidencias de la vida?! En inglés, grow significa crecer, desarrollarse… ¿Iniciaría así Lorenzo su crecimiento profesional? Pues no dudó en inscribirse, eligiendo el ciclismo. 

El primer obstáculo a vencer fue la carencia de algo esencial… la bicicleta. Las vicisitudes económicas de su familia no fueron motivo para amilanarse. Su espíritu emprendedor y el contacto con la gente como vendedor de diarios, le impulsó a golpear puertas, puertas y más puertas, hasta que llegó a “El Pedal”, un taller de bicicletas ubicado entonces en 4ta. y EEUU, próximo al microcentro asunceno. Otra señal de su destino, “El Pedal” para quien sería en pocos años más “El Rey del Pedal”. A sus 13 años Lorenzo Prieto se proclama Campeón Nacional de permanencia en bicicleta, tras unas 24 horas sin tocar tierra desde su biciclo prestado. Ese día, Lorenzo hizo gala de todos sus sueños acumulados en tantos años de trabajo, de la fortaleza de sus piernas entrenadas bajo sol, lluvia, polvo y frío, vendiendo diarios por las calles de Asunción. Sus ganas de triunfar prevalecieron sobre todos los obstáculos … y venció! 

Tras este logro, Grow Gamus, organizador de espectáculos, contrata a Lorenzo quien empieza así su trayectoria artística y deportiva. 


bicicleta

Pedaleando hasta Dallas, Texas 

Los sueños de grandeza de Lorenzo lo impulsaban a constantes desafíos. Para muchos “locuras de juventud”, pero para él un paso más hacia el objetivo de ser el mejor en lo que hacía. Su espíritu de trotamundos le empujó a llegar hasta los Estados Unidos de Norteamérica en bicicleta. 

1964 fue un año de mucha turbulencia armamentista, especialmente en Centroamérica. Sin embargo Lorenzo no consideró los riesgos de cruzar la totalidad del continente americano. Esta idea no tardó mucho en convertirse en una decisión. Mezcla de locura, coraje e intrepidez. En ese tiempo casi nadie se atrevería a semejante aventura. 

Sin muchas vueltas cargó su biciclo con lo justo y necesario para viajar, con la mira puesta en Dallas, Texas, a 7.668 kilómetros de Asunción. 

¿Porqué Dallas? Nuestro personaje era y es un idealista. Siempre pensando en un mundo mejor para todos, en que la unidad de los hombres y pueblos propicie la calidad de vida sin grandes injusticias. Esta característica lo convirtió en un gran admirador del ex presidente norteamericano, John Fitzgerald Kennedy , con quien compartía similares ideales. Ese fue el principal motivo de querer llegar hasta Dallas. Rendir un homenaje al gran estadista asesinado en el año 1963. 

Diez kilos de tierra paraguaya, una placa de bronce de unos 15 kilos en honor a John F. Kennedy, una bandera paraguaya y la guitarra al hombro, era la parte más preciada del equipaje de Lorenzo en su viaje sobre dos ruedas, impulsado por su gran corazón, su sangre y sudor. 


A su paso por cada pedazo de suelo americano, lo animaba el fervor de la gente que aplaudía y vitoreaba su hazaña. La policía de tránsito de cada país acompañaba su llegada y salida, al tiempo de fiscalizar la travesía. Pedaleaba de 6 de la mañana a 6 de la tarde. La idea era alcanzar cada poblado coincidentemente con el tiempo de descansar y alimentarse. 

Lorenzo se financiaba el viaje. No tenía dinero para hoteles ni gastos imprevistos, así que la cordialidad de la gente y la simpatía que sabía ganarse fueron fundamentales para lograr su objetivo. Generalmente dormía en los locales de los Bomberos Voluntarios de cada ciudad. Por las noches echaba mano a su guitarra y a su arte recorriendo algunos bares del lugar, para ganarse propinas que solventasen su comida y algún que otro acondicionamiento de su bicicleta. 

Adelantado a su época, hacia realidad el ideal bolivariano de hacer de la América una sola patria, recorriendo el continente sin pensar en los límites y las fronteras. 

Todo sueño a cumplir requiere sacrificio. El viaje, además de una experiencia de vida, era un entrenamiento para cosas más grandes. Siempre pensando en grande. El cansancio, la soledad, los diferentes obstáculos del camino eran pruebas del día a día. La mayor dificultad de entonces la experimentó en la Cordillera de los Andes, la más grande del continente americano que atraviesa de sur a norte, Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y parte de Venezuela. Sin dudas, pedalear en una zona de entre 4 mil y 6 mil metros de altitud no lo podría hacer cualquiera. El intenso frío, las espinadas subidas, y el constante riesgo de alguna tormenta de nieve no claudicaron el ímpetu de Lorenzo. “Yo puedo”, era su lema. 


Al llegar a la frontera Argentina-Chile e intentar bajar de la bicicleta para presentar sus documentos, debió ser ayudado por los policías del lugar. Sus músculos y articulaciones estaban totalmente entumecidos por el frío. Debieron levantarlo con las piernas ligeramente flexionadas, en una posición de pedaleo, como si fuera una estatua a ser ubicada en el lugar. Una vez dentro del recinto bebió una taza de café hirviente como si fuera agua fría. La boca también perdió sensibilidad a causa de las bajas temperaturas. 

Tras pocos minutos de descanso, Lorenzo continuó el viaje rumbo a las ciudades de Arica y Tacna en Perú, y de allí a Lima, para partir luego a Ecuador. 

En la capital peruana se alojó en el cuartel de Bomberos Voluntarios y a tempranas horas del siguiente día partió a Aguas Verdes, en la frontera con Ecuador. Desde allí, cruzando un puente arribaría a Guaquillas. En esta parte del viaje sucede un imprevisto. Los guías que debía acompañarlo en moto no aparecieron y decidió igualmente continuar, siempre poniéndole el pecho a las dificultades y riesgos. 

Sin darse cuenta, toma el camino equivocado y se dirige a Chiclayos. Ya en camino se topa con un grupo de motociclistas que interceptan su bicicleta y lo detienen. En principio la reacción fue de susto. El aspecto de los mismos resultaba raro. Pelo largo, barbudos y desaliñados. “Aquí me roban todo”, pensó Lorenzo. Acababa de toparse con unos hippies. 

“A dónde te diriges” preguntaron al unísono los motociclistas. Un poco a la defensiva, estudiando el terreno para ver por dónde salir corriendo, Lorenzo respondió: “deseo llegar a Aguas Verdes porque debo pasar a la ciudad de Guaquillas”. 

Los breves segundos de la charla parecían eternos, hasta que el líder del grupo respondió: “Estas por el camino errado. Acompáñanos y nosotros te haremos llegar”. 

Así, nuestro héroe retorna sobre el camino andado, esta vez escoltado por una “jauría de motoqueiros” de aspecto poco amistoso, que resultaron ser amigos. Se hacía la noche y aún quedaba mucho para alcanzar algún poblado. Debieron acampar a campo abierto y se armó un fogón para amainar el fresco. Lorenzo sacó a relucir su arte con la guitarra y amenizó la madrugada con temas paraguayos e internacionales. Sus improvisados guías quedaron encantados con la música y compartieron su cena con el solitario ciclista paraguayo. 

Ante el hambre no hay pan duro y los dientes de Lorenzo estaban más que probados en resistencia, pues cuando actuaba en varios circos, uno de sus números consistía en levantar mesas y sillas con los dientes. 

Una vez en el camino correcto, Prieto se despide de sus nuevos amigos y parte a Guaquillas. De allí va a Quito y de esta ciudad al territorio colombiano. Llega a Cartagena y sigue viaje hacia la isla San Andrés. Ese trayecto fue el único en que no tuvo que pedalear su bicicleta, ya que fue en barco, aunque para no romper la costumbre, siempre montado en su biciclo. 

De la isla San Andrés se dirigió a Panamá e inició su recorrido por Centroamérica. 


record guiness 

Arranca el duelo 

Las manecillas del reloj marcaban las 10:00 de esa soleada mañana, cuando ambos contendientes montan en sus respectivos biciclos para protagonizar una titánica lucha que se prolongaría por horas y días. 

Apenas impulsando el primer pedaleo, un torbellino de pensamientos inundaron la cabeza de Lorenzo… “¿qué estoy haciendo?, ¿cuánto va a aguantar?, ¿cuánto tardaré en vencerlo?...“no puedo defraudar a mi país”… “ya verá quién soy yo”…. 

Por unos instantes esta reacción refleja la ansiedad ante la posibilidad de cumplir un anhelado sueño. Esta manera de encarar los desafíos hace la diferencia, pues mientras otros se pondrían ansiosos imaginando la posibilidad de la derrota. Lorenzo siempre se imaginó ganador, se sintió ganador y por eso es un ganador. 

Pasan los minutos, las horas. La lucha es tenaz. Los dos ciclistas considerados los mejores en su disciplina están frente a frente. El enfrentamiento no sólo es en el orden de la resistencia física, del estado atlético. La mayor ferocidad de la batalla ocurría en la mente de cada uno. Tanto Lorenzo como Savagge luchaban contra sí mismos, contra su subconsciente. Debían superar el “no puedo” fijando en la mente el “si puedo”. 

Girar y girar hace que poco a poco uno se sienta como en una calesita. El mundo se circunscribe a ese pedazo de suelo que pasa velozmente bajo los pies. El cosquilleo del cansancio empieza a subir desde la punta del dedo gordo, el empeine del pie, las pantorrillas, que de pronto arden. El cuerpo siente en las primeras horas el esfuerzo. La concentración permite escuchar el latido del corazón, marcando el ritmo junto al crujir de cada tendón, de cada articulación… la rodilla es el bombo en esta orquesta conformada por cartílagos y huesos. 

Uno se sumerge en su propio ritmo. Los pensamientos arremeten a cada tanto… el peor es aquel que te interpela y te tienta a abandonar todo, a bajarte de la bicicleta y salir corriendo a sumergirte en la textura de tu colchón y tu almohada. Es allí cuándo debes fijarte en tu alrededor y buscar tu motivación. Puede ser la sonrisa de un niño que saborea su helado mientras te ve con admiración. Puede ser el fanático que te alienta, o el que te insulta y te tienta diciendo que no vas a lograrlo o simplemente un perro que te ladra. 


Ciclismo

¿Cuáles son los principales obstáculos a vencer? 

En cada competencia, así como en la vida, uno está sujeto a los imprevistos. La capacidad de enfrentarlos con éxito es directamente proporcional a la preparación previa que uno realizó en consecuencia. 

Vencer el miedo a perder el ritmo descansa en los inconvenientes que genera el sueño, el cansancio físico y emocional. Otro de los problemas a superar es el descontrol ante las impostergables necesidades fisiológicas a la hora de ir al baño. El reglamento de la competencia es claro y contundente. Posar tan solo levemente un pie en el suelo es causal de descalificación. Cada contendiente montado en su bicicleta tiene 5 minutos por cada hora para un pequeño descanso, obviamente sin bajarse. Este tiempo si no es utilizado se acumula. Entonces, si pedalea unas diez horas seguidas, puede detenerse luego por 50 minutos, para alimentarse, dormir, recibir atención médica, hacer sus necesidades fisiológicas, etc. Según fuera la necesidad, se utilizaba la chata de hospital o el “gallo”, el tubo de plástico tipo botella donde se depositaba la orina. 


Sin dudas, hacer las necesidades fisiológicas sobre la bicicleta era sumamente incómodo, además de ser observado por los fiscalizadores para que se cumpliera estrictamente el reglamento de la competencia. 

Para Lorenzo, el principal obstáculo a vencer fue el pedaleo que venía tras el último pedaleo. Con esta premisa nos deja otra enseñanza que nace desde la contrariedad: fijarse metas a corto plazo, para alcanzar el objetivo deseado a largo plazo. 

cleta 

Terminar de pie 

El sonido de las ruedas girando se asemeja al de una serpiente de cascabel agazapada y nerviosa. De pie, con las puntas de los dedos apoyadas en cada pedal y las piernas totalmente extendidas. Los brazos abiertos y los ojos cerrados, como queriendo abrazar al mundo entero, Lorenzo gira en “punto muerto”. Cada tanto lanza un pedaleo que lo impulsa otro tiempo. 

Otras veces gira y se sienta mirando para atrás, saltando del asiento al manubrio, y de nuevo al asiento, pero de pie, queriendo tocar el cielo. Lorenzo es un niño jugando su preferido juego. Pedalea con las manos con la bicicleta casi acostada en el suelo. De pronto pega un salto y un pie se equilibra en la barra frente al asiento. Extiende una pierna para atrás y ensaya una y otra flexión de brazos. Ríe, silba, canta… Lorenzo se mofa de su cansancio, burla al dolor de sus articulaciones enrojecidas mientras responde al saludo de los niños que vitorean su nombre… sus nombres… - ¡Lorenzo!, ¡Piolín!, ¡Mustafá!... paraguayo… ¡paraguayo!. 

El duelo no siempre debe ser dramático parece decir Lorenzo. Savagge hace gala de su mirada fría y con gestos de fastidio pedalea y pedalea… tan solo pedalea. También denota su gran resistencia física. ¿Le bastará con eso? 

Las noches son más largas que los días. La soledad hace mella en los contendientes. Sin el bullicio de la gente, con el fresco de la madrugada… todo se torna más pesado. Aunque los fiscalizadores se turnan para vigilar en estas horas, ambos ciclistas no tienen relevo. La resistencia emocional y mental es prioritaria en estas horas. 

A poco de cumplirse cuatro días desde que comenzara la prueba, el cambio de humor de uno y otro denotaba gran diferencia. Mientras Lorenzo contagiaba con su alegría, Savagge fruncía el ceño como si acababa de chuparse un apepú . 

¡Não dou mais! Pareció decir el brasilero al momento de recostarse por un árbol, bajarse de la bicicleta y sentarse en el suelo. Eran aproximadamente las 21:00 horas del 30 de marzo de 1965 y se cumplieron 96 horas desde que se inició la competencia. El público saltó de alegría y empezó el festejo. ¡Lorenzo campeón mundial! 
- ¡Não! ¡Não!... gritó Savagge, soberbio hasta en la derrota. ¡Deve superar minha marca!... y como el jurado internacional fue traído por él, asintió su decisión. Indignado, Lorenzo se le acercó y le dijo: - “Aquí está el paraguayito alfeñique que te ganó y ahora sigo para sacarte el título”. 

Lorenzo debía romper el record del brasileño para consagrarse campeón. 

Nuestro héroe siguió pedaleando incansable hasta el día 2 de abril de 1965, a las 20:00 horas, y marcó un nuevo record de 178 horas y 15 minutos de permanencia en bicicleta, superando en 6 horas y 15 minutos a su antecesor. 

¡El paraguayo Lorenzo Prieto era el nuevo campeón mundial! 

El derrotado Savagge no bajó de su encierro en el Hotel Guaraní. Dejó que el jurado llegue hasta la plaza con el reconocimiento: el título, la corona, bastón y banda de campeón tenían nuevo dueño. 


lorenzo prieto
MUNICIPIO ASUNCENO HOMENAJEA AL “REY DEL PEDAL”

El 2 de abril de 1965, a las 20:00 horas, Lorenzo Prieto se consagraba Campeón Mundial de Permanencia en Bicicleta, superando en 6 horas y 15 minutos al brasileño Silki Savagge, en la plaza Independencia (hoy plaza de la Democracia) de Asunción. 

De allí en más las proezas del ciclista paraguayo se sucedieron, inscribiendo su nombre, dos años después, en el Libro Record Guinnes, cuando en el Principado de Mónaco se mantuvo sobre su biciclo 30 días con sus noches. 

En ocasión del 48° Aniversario del Título Mundial, la Municipalidad de Asunción y la ciudadanía homenajea al afamado deportista nacional, al tiempo de anunciar el inicio de una campaña formativa con Lorenzo Prieto, a través de la Dirección de Juventud y Deporte. 


rey del pedal

(Borrador del libro "El Rey del Pedal" - Jorge S. Miranda Vidovich) 
Hoy en día Don Lorenzo recibe alegremente a los ciclistas y entusiastas en su casa para compartir un poco de historias de pedal. 
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Contacta con Lorenzo Prieto al 0981 569082 

2 comentarios:

entrenamiento personal online dijo...

qué gran deportista este hombre

carlos dijo...

una pequeña corrección: no fue en la actual plaza de la democracia.Fue en la plaza de al lado, la que está frente al ex Cine Victoria. Gracia

El arte de volar unidos

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