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domingo, 27 de abril de 2014

El Bañado Sur visto por El Mundo.es




Cuando vivir dignamente se convierte en una misión imposible

  • Un barrio paupérrimo de Asunción, en pie contra los desolojos

  • La Municipalidad quiere construir un Parque Industrial en sus tierras

  • Sus habitantes carecen de casi todos los servicios básicos

Un niño de una de las zonas más deprimidas del Bañado Sur
Un niño de una de las zonas más deprimidas del Bañado Sur Yasmina Jiménez
Una periodista de ELMUNDO.es se adentra, de la mano del jesuita Francisco Oliva, en uno de los barrios más pobres de la capital paraguaya para convivir con sus habitantes y conocer sus problemas. Los textos que siguen a continuación son un reflejo de la experiencia personal de la redactora, involucrada con la vida y la lucha de esos paraguayos sumidos en el corazón de la pobreza.





Pensaba yo, ingenuamente supongo, que el ser humano puede acostumbrarse a vivir en cualquier lugar, razón por la que hemos conseguido habitar los lugares más inhóspitos del planeta. Viajandome veía obligada a enfrentarme a cuartos infestados de cucarachas o ratones y creía que me habituaba con facilidad a esa situación, pero no es cierto. Como mucho, a los tres días partía hacía otro lugar donde las alimañas me fueran más favorables. Así, cuando llegué a Asunción para conocer los problemas del Bañado Sur, barrio paupérrimo en las afueras de la capital paraguaya, supuse erróneamente que todo lo que veía y me laceraba sin que yo pudiera evitarlo se iría acomodando dentro de mí con el paso de los días, como esos zapatos nuevos que te vienen un "pelín" justos y luego van cediendo.
Pero la pura verdad es que me siguen impresionando el hedor de esos lagos de basura que surgen por aquí y por allá en medio de este paisaje urbano maltratado; meter el pie en las aguas grises estancadas y podridas en las calles o ver las casas construidas con retazos de chapa y madera formando puzles imposibles con piezas que nunca encajan. ¿Cómo acostumbrarse a vivir así? Y si esa realidad desmonta algunas de mis teorías sobre la supervivencia humana, no podría explicar cómo marca ese olor que no puedo sacarme de encima a desesperación, frustración e impotencia que acompaña a los sueños rotos que se quedaron por estas calles de los pocos que se atrevieron a soñar, porque hasta eso les está negado a los que no tienen nada. Nada, excepto este pedazo de tierra donde construyeron sus vidas.
Hace más de 70 años que llegaron los primeros pobladores a este lugar, en los márgenes del río Paraguay. Venían del campo cuando se agotaban las opciones para encontrar comida, expulsados por la expansión del monocultivo. Buscaron en la gran ciudad, con toda su pobreza a cuestas, un sitio nuevo en el que instalarse. Así fueron surgiendo los bañados de la ciudad, conocidos con ese nombre por ser zonas con peligro de inundaciones por su proximidad al río. Lugares pantanosos e inhabitables que se fueron rindiendo poco a poco a la mano del hombre, que inició su lucha cortando matas y colocando escombros. Ahora, en el centro del Bañado Sur -donde nació esta casi ciudad de unos 16.000 habitantes- comienza a notarse esa lucha de sus habitantes por mejorar sus condiciones: las casas son de ladrillo y algunas calles están empedradas; mal, pero empedradas al fin y al cabo.
Cartel en contra del Parque Industrial en una casa del barrio. 
Y pese a estas ligeras mejorías impresionan sus carencias porque nunca interesó a nadie este agujero en las afueras de la capital paraguaya excepto para tirar la basura. El barrio se construyó entorno al vertedero municipal, llamado Cateura, y es lo que alimenta a la mayoría de la población que malvive del reciclaje. Pero eso es otra historia y os la cuento otro día. ¿A quién podría interesarle este basurero? A alguna ONG, a algún misionero, que llegaron con ganas de acabar con esta miseria. La ciudad entera vive de espaldas a los bañados. No hay servicio de recogida de basuras -ellos no pueden usar el vertedero del que comen para tirar sus propios residuos-; el alcantarillado es un intento malogrado de los vecinos por acabar con esos charcos putrefactos que no desaparecen ni con los 45 grados de temperatura que se alcanzan en verano; los caminos adecentados han sido también trabajo de esta gente; ni correo reciben los bañadenses por estar ubicados en "zona roja" (peligrosa). Existen, pero son invisibles para la municipalidad, hasta ahora.
Hace un año, el intendente de la ciudad comenzó a hablar de "recuperar" este lugar. Traducción: vendérselo a empresas extranjeras para que aprovechen el terreno como consideren oportuno. Y el proyecto ganador ha sido la creación de un Parque Industrial. Tirar chabolas y desalojar a las personas que viven ahí no será muy difícil. Construir fábricas y "mejorar la zona" es el objetivo político-empresarial que obligará a los afortunados que puedan quedarse a mudarse en breve debido al encarecimiento del barrio que traerá consigo este proyecto. Un negocio diseñado para otros, no para ellos.

Nuestra historia

Pasan los días y mientras mi contemplación de la fealdad de la pobreza se vuelve más atrevida y voy perdiendo ese pudor que me da que mis nuevos vecinos descubran el asombro que me provoca, pienso en los motivos que pueden llevarlos a querer permanecer aquí. No hay opciones. ¿A dónde podrían ir? ¿Tendrían casas? ¿Trabajo? No sólo se trata de desalojos, de pérdida de su lugar en el mundo, se trata de no tener alternativas. La Municipalidad habla de puestos de trabajo, de viviendas dignas y de ayudas, pero ellos conocen los desalojos de otros barrios de la ciudad, como por ejemplo el de La Chacarita, y ninguna de esas promesas fue cumplida. Y a eso se suma que su actual fuente de trabajo -el reciclaje- está ahí, que es lo que al final da apego al barrio: el sustento.
Lo único que tienen, sus raíces, se lo quieren arrebatar. Eso me explican. "Nuestra tierra cuenta nuestra historia, una persona sin historia no sabe quién es", asegura un bañadense en un documental realizado por el Frente de Resistencia que se ha creado en el Bañado Sur para evitar que los desalojen de sus viviendas. El problema, como pasa en buena parte de Paraguay, es que el Estado nunca dio los títulos de esos terrenos a los ocupantes. Por eso, la lucha.
El pasado 26 de marzo con motivo de la primera huelga general en Paraguay en 20 años, los bañadenses de toda la ciudad se unieron para exigir la atención de un gobierno que se ha empeñado en ignorarlos. Los políticos -con sueldos que rondan los 5.000 euros mensuales- garantizan en sus discursos riquezas para estas áreas metropolitanas en las que sus habitantes sobreviven con menos de dos euros al día. "Prosperidad, desarrollo, beneficios... Sí, pero ¿para quién?", se preguntan en el barrio con esa incredulidad que proporcionan años de maltratos políticos. Paraguay sufrió guerras, dictaduras, corrupción, crisis... Todo sinónimo de pobreza para la mayoría, riqueza para unos pocos. Hoy sigue siendo uno de los países con mayores desigualdades de América Latina.

Sin oportunidades

Vivo estas calles, comienzo a sentirlas como si fueran mías y me voy contagiando de la fuerza de esta gente. Ya no veo nada más. Ni siquiera experimento esa mezcla de rechazo y miedo que me provocan las casas desvencijada por mucho que me repita si sería capaz de vivir ahí. Yo, hija de mis circunstancias privilegiadas, me olvido de todo lo que no entiendo y me centro en lo que puedo llegar a entender: las injusticias. "Quieren hacer un proyecto urbanístico aquí, convertir esto en una zona turística, pero antes tendrán que hacer algo con nosotros, porque para el turismo querrás mostrar la mejor cara de Asunción y nosotros no somos eso", afirma Abigail Vázquez, de 23 años, miembro del Frente de Resistencia. Echaron a sus abuelos del campo por la extensión del monocultivo de la soja -sigue pasando actualmente con los campesinos- y ahora los quieren expulsar del lugar que encontraron y que fueron haciendo suyo.
No perder sus tierras y mejorar las condiciones de vida son los objetivos principales que se trabajan en el grupo. "Hay mucho que hacer en el barrio. Mejorar las calles, la educación, la sanidad, acabar con la policía corrupta que tenemos en las comisarías... Quiero cambiar eso, desde aquí, conocer su problemática y tratar de resolverla. Es una lucha lenta y larga", asegura Kimberli Samaniego, de 15 años, convencida de que merece la pena esta lucha sin cuartel. Su sueño es estudiar para poder beneficiar de alguna manera a su gente. Tampoco quiere moverse. Esta es su casa.
Voy y vengo por los cuatro barrios que componen el Bañado Sur. Hablo con la gente, conozco sus problemas, comparto sus alegrías,juego con sus hijos, nos sentamos enfrente de sus casas para compartir historias o para ver pasar a los vecinos. Observo anonadada cómo un joven pinta de blanco los rectángulos de madera que conforman su chabola o a una mujer barriendo su portal terroso y es así como entiendo que nadie se acostumbra a vivir en una casa en la que todo lo que hay cuelga de cuerdas que atraviesan las paredes porque las inundaciones lo mojan todo y durante las noches de lluvia nadie duerme porque colgarse uno del techo con toda la familia a cuestas no se puede.
Nadie se acostumbra a vivir con ese olor a basura que llega de todas partes y se vuelve insoportable con los cambios de temperatura. Nadie se acostumbra a no poder ir al médico cuando se pone enfermo porque ir supone después comprar medicinas que no se pueden pagar. Nadie se acostumbra a enviar a su hijo al colegio sabiendo que por muy brillante que sea jamás podrá estudiar un curso de formación y mucho menos soñar con la universidad. Nadie se acostumbra a ser jodidamente pobre. Y precisamente, porque nadie se acostumbra a vivir sin opciones, sin oportunidades, un grupo de bañadenses se ha vuelto guerrero. Todavía son pocos, pero son más que hace un año. No quieren lujos. Buscan simplemente vivir dignamente en su hogar: el Bañado Sur.

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