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sábado, 31 de marzo de 2012

Los impuestos y nosotros.

Cuando exigimos que el Estado nos proporcione Educación, Seguridad y otros servicios esenciales, debemos pensar en lo que esos servicios cuestan mantener y cómo el Estado debe generar los recursos necesarios para mantener esos servicios.
Desde tiempos inmemoriales los gobiernos (monarquías u otras formas de administrar un país) han “cobrado impuestos” para mantener sus ejércitos y otros servicios. Estos impuestos consistían en especies (animales, productos agrícolas o minerales; dependiendo de lo que cada poblador producía o poseía), quien no las pagaba sufría penas graves, como la confiscación de sus bienes, incluso de las tierras que le fueron “asignadas” por el Estado para producir.
Los tiempos modernos trajeron para la humanidad nuevos desafíos, es necesario una mejor especialización del ejército y de toda la maquinaria de seguridad del Estado, que desde entonces pasó a servir también a la población en general, ya no está apenas al servicio de la defensa del que gobierna y, su función, ya no se limita a la defensa de su territorio o a la conquista de “nuevos territorios” ésta última función  dio lugar a la defensa de sus ciudadanos “dentro del territorio” de los que se dedicaban a robar, matar y cometer otras tropelías. La educación, antiguamente, se limitaba “escuelas filosóficas y ciencias exactas” regidas por maestros como Pitágoras o Platón, quienes, a su vez, fueron “educados” por “otras escuelas” Estos filósofos vivían austeramente y dependían de las “donaciones voluntarias” de sus alumnos (al menos eso creo, de algún modo debían sustentarse), no tenían ningún tipo de remuneración, por parte del Estado, excepto cuando servían a la monarquía, lo que también les daban una cierta independencia de “criterio y opinión” en relación al Estado. Hay que recordar que “estos filósofos” también fungían de “periodistas” a su modo, ya que “denunciaban y enunciaban” los cambios, las evoluciones y los hechos más importantes que tenían relación directa con lo cotidiano de la humanidad, criticaban, o defendían, decretos y manipulaciones de la monarquía, cada quien de acuerdo a su “afinidad”  con el que gobernaba, o su propia filosofía. (Lo que confirma que el periodismo nunca puede “ser” objetivo, puede “tener” un objetivo). En este campo tampoco dependían de ningún “sistema”, sea Estatal o empresarial, es decir que sus opiniones eran de “exclusiva responsabilidad personal” de cada uno y solo seguían el hilo de su propia filosofía.
En esta era moderna los impuestos tienen finalidades más amplias y los “gobiernos” (como siempre) delinean las prioridades en la aplicación de lo recaudado en este concepto. Todos los sistemas contaban con una especie de “consejero” o una junta de consejeros (el mismo que daría lugar al parlamento en un Estado democrático) donde se debatían esas prioridades.
La población siempre fue contra esos impuestos, la lucha por la derogación de la ley que obliga al pago de los impuestos no es de ahora y nunca va a acabar (los anarquistas decían que todos los servicios deberían ser administrados por la población en general sin ningún “dirigente”, o ley, a la cabeza). Desde el punto de vista de su aplicación, el impuesto siempre será justo o injusto, dependiendo del lado en la que uno se encuentra. “La lucha de clases” esencialmente, puede decirse, está basada en la “distribución equitativa” de estos impuestos. Los ricos pelearan para que estos impuestos sirvan apenas para infraestructuras que los beneficien, jamás estarán totalmente de acuerdo en la implantación de la ayuda a personas que no producen por algún motivo ajeno a su voluntad.
En síntesis, nunca van a faltar excusas para no pagar impuestos, de la parte de quienes deben hacerlo. Así como nunca van a faltar motivos para exigir derechos para los que son vulnerables.

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