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sábado, 25 de diciembre de 2010

WikiLeaks: el imperialismo ataca la libertad de información y expresión


Escrito por Bernardo Cerdeira

¡Por el derecho de libre expresión y manifestación en Internet y en todo el mundo!
En las últimas dos semanas, la página web WikiLeaks y Julian Assange, su fundador y director, han sido protagonistas de importantes hechos políticos y polémicas internacionales.

Desde hace unos meses, WikiLeaks viene publicando miles de documentos internos del gobierno de los Estados Unidos, “filtrados” por funcionarios. Primero, WikiLeaks publicó documentos de las FFAA de los EEUU sobre acciones realizadas en la guerra del Afganistán. Luego, publicó documentos sobre la guerra del Irak. Finalmente, en noviembre pasado, divulgó más de 250.000 comunicados diplomáticos de los últimos años del Departamento de Estado. Este último caso generó crisis diplomáticas y problemas para el gobierno estadounidense en su relación con gobiernos y líderes de varios países.

Los documentos en sí no aportaron novedades para los que acompañan y conocen la política imperialista de los EEUU en el mundo y, en particular, en las guerras de Afganistán e Irak. Pero tuvieron el mérito innegable de señalar, a millones de personas en el mundo entero, las posturas imperialistas de los diferentes gobiernos estadounidenses.

Julian Assange no es un militante de izquierda ni defiende posiciones revolucionarias. Al contrario, él mismo se dice un convencido partidario de la economía de mercado. Sin embargo, su defensa de la libre difusión de materiales de interés público, su acción al divulgar miles de documentos y la posterior reacción de la administración Obama, colocaron en el centro de la atención una serie de temas, principalmente la defensa de la libertad de expresión, el fin de las persecuciones políticas y la diplomacia secreta.

Censura, represión y estrangulamiento económico

Con la publicación de los documentos diplomáticos comenzó la persecución política y la represión del gobierno estadounidense a WikiLeaks y a su director. Se formó un frente antidemocrático para sofocar y cerrar la página web y apresar y procesar a Julian Assange. Este frente está encabezado por el gobierno de los Estados Unidos -principalmente supuestos “demócratas” como el presidente Barack Obama y la jefe del Departamento de Estado (equivalente al Ministerio de Relaciones Exteriores) Hillary Clinton- las grandes multinacionales, los gobiernos europeos y la Interpol, sólo para nombrar sus principales componentes.

Assange fue acusado por dos mujeres, en la justicia sueca, por no aceptar usar preservativos en sus relaciones sexuales. La ley sueca considera eso una forma leve de “violación”. La acusación se hizo tras las primeras publicaciones de documentos sobre la guerra. El caso fue primero desestimado por un juez que consideró que habían sido “relaciones sexuales consensuales”. Pero, tras la publicación de los documentos diplomáticos, la acusación fue retomada por un segundo magistrado. Por ese proceso judicial, la Interpol emitió una orden internacional de captura contra Assange, que finalmente fue detenido en Londres. Algunos días después fue liberado bajo fianza y está en libertad vigilada.

Evidentemente, si las acusaciones de violación contra Assange o cualquier persona, por más destacada que sea, fueran verdaderas, estaríamos a favor que respondiera por este crimen. Pero, en este caso concreto, es más que evidente que por detrás de acusación están la persecución política la sumisión del gobierno sueco y de la Interpol a las solicitudes de los EEUU.

Es posible que Assange sea deportado a Suecia. Los EEUU están estudiando pedir al gobierno sueco su deportación para que sea sometido a un juicio por “espionaje”. El gobierno de Australia, a través de su canciller Kevin Rudd, informó que abrió una investigación contra Assange, que es natural del país, y anunció que colaborará con los EEUU para llevar a la Justicia al fundador de WikiLeaks.

Por otro lado, comenzó la tentativa de estrangulamiento económico de la web. Las grandes multinacionales respondieron al llamado del gobierno de Obama y Clinton. La famosa librería electrónica Amazon, que también tiene un proveedor de webs, dejó de hospedar a WikiLeaks. Las operadoras de tarjetas de crédito Visa y Mastercard dejaron de trasnferir las contribuciones financieras a la web. Lo mismo hizo la web de pago electrónico Paypal y el banco suizo PostFinance cerró una cuenta que recibía fondos para Assange.

La extrema-derecha estadounidense y canadiense se manifestó abiertamente en favor del asesinato de Assange. Sarah Palin, ex-candidata a vicepresidente por el Partido Republicano de los EEUU y actual figura del Tea Party, declaró en su página de Facebook que Assange es “...un agente antiamericano con sangre en las manos... ¿Por qué no es perseguido con la misma urgencia con que perseguimos los líderes de la Al Qaeda y del Talibán?”. Eso quiere decir, “por medios militares” con el objetivo de matarlo.

La democracia “liberal” es la dictadura de la burguesía imperialista

Es evidente que los gobiernos imperialistas de todo el mundo, dirigidos por los EEUU y secundados por gobiernos e instituciones serviles, desataron un ataque a la libertad de expresión, intentando eliminar el derecho de un órgano de comunicación a divulgar materiales de interés público, sofocándolo económicamente y persiguiendo políticamente a su responsable. Esta divulgación de los secretos de los gobiernos imperialistas y de las grandes multinacionales, y la persecución política desencadenada por ellos, desnudan el verdadero carácter de la “democracia” burguesa.

Es el propio discurso “democrático” del imperialismo que se revela cínico e hipócrita. Hasta el periódico inglés “The Guardian” recordó en un editorial que Hillary Clinton, al hablar en ceremonia en el Museo del Periodismo, en Washington, en enero de 2010, elogió la libertad de la Internet y lamentó que “haya gobiernos que, como las dictaduras del pasado, ponen en la mira pensadores independientes que usan esas herramientas”. Y ahora, sólo algunos meses después, ella misma apunta sus armas contra WikiLeaks.

Queda claro también que las grandes multinacionales son la base de esta dictadura burguesa. Julian Assange criticó a Visa, Mastercard y PayPal, que bloquearon las donaciones a WikiLeaks: “Ahora sabemos que Visa, Mastercar y PayPal son instrumentos de la política externa americana. Es algo que ignorábamos”.

No deja de ser una conclusión tardía y obvia, tras tantas acciones criminales por parte de las empresas imperialistas realizadas durante varias décadas. Pero es muy importante el hecho que se exponga, se denuncie y quede claro para millones de personas en todo el mundo, una relación tan evidente de acciones articuladas entre gobiernos, policía y judicatura, por un lado, y el poder económico, representado por algunas de las mayores empresas del mundo, por otro. Todos conspirando para violar y cercear la libertad de expresión.

Lula, WikiLeaks y los gobiernos “progresistas”

El presidente de Brasil, Luís Inácio Lula da Silva, defendió públicamente a Julian Assange y la libertad de expresión en Internet. Lula se pronunció dos veces en este sentido y afirmó: “Con certeza vamos a protestar contra aquellos que censuraron WikiLeaks. Vamos a manifestarnos, porque la libertad de prensa no debe tener media cara, libertad de prensa es total y absoluta”.

No se puede dejar de estar de acuerdo con esa declaración de Lula y, si verdaderamente él o el PT llamasen a manifestaciones de todos los que defienden las libertades democráticas, deberíamos estar presentes.

Pero es importante resaltar dos contradicciones entre esta declaración y la acción política del presidente brasileño (y, dígase de paso, de otros gobiernos llamados “progresistas”). ¿Por qué el gobierno del Brasil y el PT no llaman movilizaciones en defensa de Assange y de WikiLeaks? ¿Por qué el gobierno brasileño y los demás gobiernos “progresistas” de la América Latina (que, además, controlan la Unasul) no protestan oficialmente contra estos ataques a la libertad de expresión por parte del gobierno de los EEUU y sus aliados?

Más que declaraciones, estos gobiernos tendrían condiciones y fuerza para iniciar una verdadera campaña en defensa de la libertad de expresión, de WikiLeaks y de Assange contra el gobierno de los EEUU y sus cómplices. Su inacción es otra muestra de la actitud tibia y conciliadora que estos gobiernos asumen frente al imperialismo. Es preciso exigir que impulsen acciones equivalentes y opuestas a la campaña de persecución política del gobierno de los EEUU.

Pero, hay una contradicción peor, porque va contra, y debilita, la posición del presidente brasileño. Se refiere al derecho de WikiLeaks a divulgar los documentos del gobierno de los EEUU. Lula defendió correctamente que la web tiene este derecho y que el problema no es la publicación de los documentos de la diplomacia estadounidense, sino el contenido de lo que está escrito.

Sin embargo, en sus ocho años de gobierno, Lula mantuvo cerrados los archivos de las Fuerzas Armadas sobre los 20 años de dictadura en Brasil (1964-1984). Estos documentos develarían con certeza el papel de los militares en la represión, la tortura, el asesinato y la desaparición de centenares de opositores al régimen militar. No hay verdadera libertad de expresión si no hay derecho al libre acceso a la información. Impedir el acceso del pueblo a informaciones fundamentales del Estado, mantener el secreto sobre la “guerra sucia” movilizada por la dictadura es también un ataque a la libertad de expresión. Lula quedó del lado del alto mando de las Fuerzas Armadas y de la burguesía brasileña contra este derecho democrático del pueblo. Es preciso un WikiLeaks en el Brasil y en todos los países del mundo.

Por el fin de la diplomacia secreta

Por último, todo este episodio de WikiLeaks trajo a la luz un problema fundamental: la diplomacia secreta. Los miles de documentos divulgados por WikiLeaks demuestran claramente algo que ya es sabido por buena parte de la población mundial: el gobierno, las instituciones y la empresas de los EEUU intervienen en todo el mundo, a través de guerras, presiones militares y políticas, con el objetivo saquear las riquezas de los países y explotar a los trabajadores y los pueblos del mundo. Países imperialistas de Europa, Japón, Canadá y otros son sus socios menores en esta empresa.

Evidentemente, el recurso de la fuerza militar y de la guerra, como en Irak y Afganistán, es la principal garantía del imperialismo para conseguir sus objetivos. Pero la acción militar no puede ser ejercida permanentemente, en todas las circunstancias y países. Hay medios eficaces y más baratos para garantizar su dominación.

En la acción cotidiana, es a través del arma de la diplomacia (que no pasa de ser el nombre bajo el cual se encubren chantajes, sobornos y presiones políticas) que el imperialismo busca doblegar a los gobiernos de países dominados a las determinaciones de Washington.

Pero para que estas presiones y negociaciones diplomáticas den resultado, es preciso que se oculte de los pueblos involucrados el verdadero contenido de las negociaciones. El objetivo es proteger el carácter criminal de la acción de los gobiernos imperialistas, y también de los gobiernos de los países explotados que siempre terminan por doblegarse al imperialismo, a cambio de algunas concesiones políticas y también, frecuentemente, sobornos y propinas.

Por eso, el carácter secreto de la diplomacia es un elemento fundamental de la política del imperialismo. Es que la diplomacia de los gobiernos burgueses, particularmente de los gobiernos imperialistas y, principalmente del gobierno de los EEUU, tiene como esencia y objetivo conspirar contra los pueblos, principalmente contra los trabajadores y sectores populares.

Hay una verdadera red de negociaciones y acuerdos secretos entre el imperialismo y los gobiernos burgueses nacionales. Nadie sabe lo que se discute y, muchas veces, lo que está por detrás de los pactos firmados. Los pueblos no son consultados. E inclusive los llamados gobiernos “populares” o progresistas, como Lula o Cristina Kirchner, también participan de estas negociaciones secretas.

Es hora de denunciar la diplomacia secreta que conspira contra los pueblos, y no confiar ni aceptar los pactos que surgen de ella. Hay que exigir que los gobiernos de los países explotados hagan público todo lo que discuten con los países imperialistas. Y que no firmen ningún acuerdo sin una consulta a los trabajadores y el pueblo.
Los trabajadores y los pueblos de los países explotados deben encabezar esta lucha contra la diplomacia y los acuerdos secretos. Deben exigir que toda negociación con los gobiernos imperialistas sean públicas, discutidas democráticamente, y los acuerdos resultantes sometidos a referendos.

Eso significa que son los partidos y sindicatos de los trabajadores de los países explorados quienes deben exigir que sus gobiernos informen con quienes están negociando y qué negocian, y que se someta el resultado de esta negociación a la aprobación o al rechazo popular.

Eso no quiere decir oponerse por principio a las negociaciones. Muchas veces, principalmente cuando están en desventaja, los trabajadores y los pueblos de países explotados son obligados a negociar con gobiernos de países imperialistas. Pero, estas negociaciones nunca deben ser secretas. Hay que decir la verdad a los trabajadores y a los pueblos, no ocultar nada. Eso incluye no decir que los enemigos imperialistas son “amigos”. Gobiernos y empresas imperialistas son siempre enemigos: no tienen “buenas relaciones” con los pueblos, sino intereses que defender. Por lo tanto, negociar con el enemigo presupone denunciar sistemáticamente que éste sigue siendo el enemigo.

Decir a la verdad es fundamental para que una negociación sea exitosa, porque su verdadera fuerza está basada en la movilización de masas, en su lucha. Y esta lucha sólo se desarrollará en su plenitud si los trabajadores conocen toda la verdad y pueden decidir sobre el rumbo a tomar.

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