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sábado, 13 de marzo de 2010

Ser migrante


El despertador suena insistentemente, hasta que Miguel extiende su brazo desde debajo de la frazada y lo apaga para no despertar a su hijo pequeño y a su esposa que aun pueden seguir durmiendo algunas horas. Son las cuatro de la mañana, allá afuera la temperatura está en los -2° con un vientecito que hace que la sensación térmica sea aun más baja (± -6°), pero hay que levantarse, piensa Miguel en sus adentros, mira a su esposa y piensa que dentro de una hora también se levantará a preparar las cosas del niño que a las 8 debe ir a la escuela, de allí su esposa ira también a su trabajo, ambos cumplen esta rutina de lunes a sábado, Miguel a veces también va los domingos.
Las horas de estar juntos se limitan a conversar los problemas de documentos o financieros que deben cumplir al día siguiente y acuerdan quien de los dos lo hará, aquí no se puede faltar al trabajo. Hay que pagar un alquiler muy alto (600 Euros, más agua, luz y tasa de condominio, lo que da un total de casi 800 Euros, por un departamento de menos de 50 metros cuadrados), más gastos de alimentos y vestimentas, él gana algo menos de 1.500 Euros y ella bien menos de 800 Euros. Pero, como dice Miguel, pueden considerarse unos afortunados, pues hay muchos compatriotas que no trabajan, y si trabajan lo hacen por muchas más horas y les pagan muchísimo menos.
Miguel trabaja en el área de la construcción, sus primeros días de trabajo fue duro, pero no tanto, continua contando Miguel un poco agradeciendo al primer patrón que tuvo aquí y le ayudó a aprender las “maneras de trabajar” así como le aguantó hasta encontrar otro empleo, donde no le explotasen tanto, su segundo patrón se quiso aprovechar de él, pero ya venía de aprender cómo imponerse y lo logró, además él se consideraba un buen profesional en su área, rendía bien y ése era su secreto para que los patrones le respetasen.
El sacrificio es enorme, pero mirando a mi familia, mi esposa y mi hijo, todo sacrificio es poco, dice Miguel, con no poca emoción en los ojos.
Aclaramos que el precio del alquiler que paga Miguel es ése porque está en la periferia de la gran ciudad y además fue conseguido por contactos con otras personas, el precio real por una “pajarera” (Pequeño cuarto de no más de 15 metros cuadrados en lo alto del edificio y que no cuenta con ascensor generalmente) aun en las afueras de París ronda entre los 700 a 1.200 Euros.
Lo que yo quiero es que nuestra gente, allá en Paraguay se concientice que aquí la vida no es fácil, que aquí la vida es dura, mucho más si eres un ilegal, los patrones, generalmente latinos también, se aprovechan de los trabajadores indocumentados y los hace trabajar como esclavos y les paga mucho menos de lo que valen sus trabajos, a veces son despedidos sin que se les pague y no pueden denunciar, ésa es la vida del migrante aquí en Europa, culmina diciendo nuestro entrevistado

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