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lunes, 18 de agosto de 2008

Para leerlo con atencion


¿Está amenazada la libertad de expresión?

Por: César Ricardo Luque Santana

18 / 08 / 2008

A raíz de una reforma reciente a la Ley Electoral Federal, donde se modificó el esquema de contratación de la publicidad de las campañas electorales entre partidos y empresas de medios de comunicación, se prohibió la participación de particulares mediante spots publicitarios a favor o en contra de algún candidato, y se estableció asimismo una restricción a los comunicadores -particularmente de los medios electrónicos- para que se abstengan a denostar a determinados candidatos, pudimos testimoniar la feroz reacción de grandes empresarios y de muchos personajes vinculados a las televisoras privadas contra esa medida.

Recordamos en esa ocasión (en el inicio de este problema), como muchos de los “comunicadores” de los grandes consorcios televisivos y de radio, acudieron en masa a los debates con los diputados e hicieron uso de la palabra para manifestar su inconformidad, alegando vehementemente que esa iniciativa era un atentado contra la libertad de expresión en México. Recordamos también que, en ese momento, se pronunciaban a favor de una consulta ciudadana alegando que los legisladores no tenían la legitimidad democrática suficiente para tomar esa decisión; exactamente lo contrario que hacen ahora denostando las consultas públicas respecto a la reforma de PEMEX impulsadas por personalidades y grupos de izquierda, diciendo que los legisladores sí tienen la legitimidad necesaria para decidir en este asunto.

Los de TV Azteca no quitan aún el dedo del renglón y siguen machacando con argumentos pueriles y exagerados contra esa disposición legal que, según ellos, viola la libertad de expresión de los mexicanos (sic). De hecho, esta empresa, a través de sus locutores, periodistas, intelectuales y otras figuras, es muy recurrente en una serie de temas que forman parte de la agenda de la derecha más reaccionaria del país, de manera que en algunos de ellos no dejan de insistir, recuperándolos una y otra vez tratando de influir en la mayor cantidad de personas que les sea posible para que, en un momento dado, sus propuestas ganen la simpatía y el apoyo de la gente. Algunos de los tópicos más sensibles de esa agenda, además del ya mencionado reproche por lo que ellos sostienen es una atentado a la libertad de expresión y que será el objeto de análisis de este artículo, son: lo del bono educativo; la defensa de los grandes empresarios para eximirlos del pago de impuestos o para reducírselos al mínimo proponiendo una recaudación fiscal sustentada en los consumidores; la exigencia de mano dura contra la delincuencia (sobre todo cuando afecta a los privilegiados, pero no cuando éstos delinquen), y asimismo la criminalización de las protestas políticas, entre otros temas que surgen al calor de la coyuntura.

Lo común en todos los asuntos que ellos defienden vehementemente son: la mentira mediante falacias (argumentos tramposos que parecen racionales y objetivos pero no los son); la repetición constante, a la manera del ministro de propaganda de Hitler (“miente, miente que algo quedará”); la monopolización de la palabra excluyendo las voces críticas o restringiéndoles y saboteándoles su participación; la presión tipo chantaje como la que hacen de manera enfermiza contra los políticos incómodos para sus intereses, como el panista Santiago Creel en este momento, y la que hicieron antes contra el también panista Javier Corral y el priísta Manuel Bartlett (estos dos últimos por su participación destacada en la Ley de Medios, mejor conocida como “Ley Televisa”), y desde luego contra el perredista López Obrador, al que tampoco sueltan y al que más odian; así como su tendencia perversa al choteo y al chacoteo de los problemas vitales del país y la caricaturización de personajes incómodos al sistema, para que la gente continúe instalada en trivialidades y frivolidades, como si no bastara para ello los programas asociados al mundillo de la farándula y otros igual de enajenantes (como las novelas estúpidas). Televisa de algún modo actúa en forma parecida, pero no en la misma dimensión (no por nada forman el “duopolio” televisivo).

En su momento tocaré a detalle algunos otros puntos de la agenda derechista de este ente televisivo, pero por ahora me bastará mencionar unas cuantas razones que sirvan para desenmascarar la hipócrita actitud de estos sepulcros blanqueados de TV Azteca.

¿De veras está en riesgo la libertad de expresión de todos los mexicanos? La propaganda de TV Azteca, disfrazada de reportajes o comentarios “objetivos”, ha sido tan exagerada como cínica. Han llegado a comparar a la mencionada Ley con otras épocas y regímenes que no tienen nada que ver con el México de hoy (y me parece que tampoco tendrían que ver con el antiguo régimen de partido casi único, aunque también se “averguenzan” de él cuando fueron sus sirvientes, cómplices y beneficiarios), a saber, con el nazismo, el estalinismo, las dictaduras sudamericanas de los 70 y 80 (pero omitiendo en cambio a Francisco Franco). Sólo les ha faltado compararla con la Inquisición española, pero no lo hacen porque con la religión católica están en pleno maridaje, por lo cual también suelen hacerles eco a curas conservadores cuando hablan de una inexistente persecución religiosa. Por cierto y a propósito de la tolerancia, esta palabra surgió en los albores del capitalismo (en el Renacimiento) y se refería a la tolerancia religiosa que exigían los librepensadores y la naciente burguesía a la Iglesia católica.

Asimismo, suelen presentar entrevistas con grandes empresarios (of course), con académicos o investigadores a modo (algunos de ellos desconocidos), encuestas de banqueta con ciudadanos que coinciden con ellos, así como mediante las intervenciones frecuentes de sus intelectuales orgánicos que conducen programas de corte político o hacen comentarios de política en sus noticieros, para insistir en este punto invariablemente con los mismos argumentos. Un aspecto esencial de la perspectiva derechista es hacer abstracción de las condiciones socioeconómicas de los mexicanos, cuando en realidad el derecho que en este caso reclaman sólo puede ser ejercido por los potentados y por nadie más, ni siquiera por sus personeros con micrófono, pues el tiempo en televisión –sobre todo en horarios estelares- es de cientos de miles de pesos por minuto.

En otras palabras, no defienden el derecho de expresión de todos los mexicanos, sino sólo de los más ricos. En otras palabras, la libertad de expresión que defienden es abstracta porque no es un derecho de todos, sino un privilegio de unos cuantos. Por ello, los magistrados deben de preservar el principio de equidad que debe caracterizar a toda ley y no ceder ante las presiones mediáticas. El colmo del absurdo es que alegan falta de libertad de expresión cuando lo que hacen es ejercerla con exceso y de manera facciosa. Sin embargo, hay todavía mucho más de fondo en su postura como veremos a continuación.

En el fondo de su reclamo están cuatro aspectos fundamentales: primero, que ya no podrán negociar los spots con cada partido, sino que el IFE contratará en bloque de acuerdo a la proporción de cada partido. En el esquema anterior, podía favorecerse con tarifas a un partido o candidato y encarecérsela a otro para perjudicarlo, condicionando con ellos a los candidatos y partidos favorecidos a cuidar los intereses de la empresa. Segundo, con esta Ley se les cae el negocio de incrementar sus ganancias con spots extras que además significan una intromisión ilegal e ilegitima de los grandes empresarios en las elecciones, pues con ello fomentaban una competencia desleal entre los candidatos en perjuicio de los candidatos de izquierda, añadiendo publicidad a los candidatos de la derecha en la misma medida en que debilitan mediante una guerra sucia a los de izquierda, dañando con ello el principio democrático de equidad. Tercero, los noticieros y programas de temas políticos se realizan en forma sesgada disfrazando como noticias lo que es vil publicidad a favor de algún candidato de sus preferencias, o por el contrario, se trata de una campaña mediática contra determinado candidato que les resulta incómodo y les preocupa que eventualmente pueda ganar (como sucedió contra AMLO en el 2006). Hay que agregar, en este caso, que otras figuras o personalidades de la televisión y la radio -aparentemente ajenas a la política (los de espectáculos y otros)- se suman por consigna a descalificar a un determinado candidato y/o a ensalzar a otro, tomando partido descaradamente, lo que es una forma embozada (y ni tanto) de inequidad. Y cuarto, esta Ley los debilita como un poder fáctico poniendo en riesgo sus intereses, porque necesitan contar con aliados dentro del Estado para preservar sus intereses.

Como pudimos apreciar en torno a este problema, los argumentos pueriles y falaces, así como las estrategias burdas y exageradas de los locutores y analistas de TV Azteca, tienen como fin ocultar sus verdaderas intenciones mercantiles y politiqueras, lo que explica su actitud beligerante y mezquina.

Fuente: Diario El tiempo de Nayarit

Como diria un cierto medio de Paraguay "No le da la sensacion de haberlo visto antes?"

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